CARTA QUINTA.
Amada madre de nuestro Señor Jesucristo: Te escribo ésta con la libertad que me da, el sentirme amado por Ti. Hoy quisiera explicarte cosas de nuestra hermana Mercedes, y no es precisamente para notificarte cosas extraordinarias sobre ella. Pues si en alguna cosa ella ha destacado esta ha sido su propia sencillez, el no tener la necesidad de despuntar de los demás. Su gran valor, el saber amar a las personas de su alrededor sin más pretensiones. Pienso que esto, tiene que ser una virtud para Tu hijo, como el tener nuestros aciertos y errores, esto nos coloca junto a la mayoría a la benevolencia de Su misericordia, y es que siempre que permutamos con El, siempre nos añade algún premio.
( Mercedes a su vuelta a Barcelona).
Cuando la familia llegamos al hospital, estaba en una salita muy pequeña en urgencias, donde cabían justo una cama y dos sillas, cuando la vi en la cama, me sentí muy mal y lo único que se me ocurrió, fue decirle que me acababa de hacer una putada. Una reacción estúpida y egoísta, producto de las ilusiones que me había hecho con la Mercedes, de que conjuntamente íbamos a escribir un libro, repleto de pequeñas anécdotas que haríamos a partir de sus fotos, junto con los recuerdos de su infancia y juventud y también de sus viajes. Todo un mundo lleno de ilusiones volátiles, que poco a poco había construido, desaparecía ahora con la rapidez de un segundo, todo se había esfumado. Además con el agravante de que cuando a una persona que tengo en estima enferma, aumento la oración hacia ella, con la plena confianza hacia Tu persona, y al fenecer ésta me ofuscó pensando que ya no estás por mí, y por lo cual el rezar de poco me sirve, no soy más tonto por qué no me ejerzo en ello. En el fondo no es más que vanidad y un punto de orgullo, ya que no tengo en cuenta Tus intenciones ni tampoco las de ella. Como personas que quieren ser cristianas deberíamos pensar en lo que realmente le gusta a Tu hijo, en vez de obcecarnos en nuestro egocentrismo. Bien decía mi madre: “hijo la cabra siempre tira al monte”. A pesar de la lucha por mejorar, siempre nos sale algún vestigio de vanidad entre las resquebrajaduras de mi voluntad. Lo que realmente es importante, es que a partir de aquel momento, siento de forma muy especial un gran sentimiento de afecto hacia su memoria.
Mercedes nació en el barrio de Sanz de Barcelona, era un pasaje cerrado al final del mismo por el lavadero comunitario y con cuatro casitas muy chiquitinas, muy tranquilo pero muy pobre, seguramente la sensación de abandono debía de ser superlativa. Su madre la tía Ana del cabo de Gata, mujer de gran personalidad y con un carácter aun más explosivo, abandonó el pueblo para ir en busca de su pareja,” el patroncito” que como trabajaba en los ferrocarriles, su trabajo le había desplazado al norte.
( Mercedes con su hermana María).
Cuando su madre se quedo embarazada de la que sería su hermana María, entonces sus padres decidieron llevarla al pueblo, y lo que tenía que ser un tiempo, se transformo en un montón de años con una guerra incluida. Ella fue creciendo con el sentir y el hacer de sus familiares del sur, con los sobrenombres y apodos, que les incluye en un clan, en donde la ayuda mutua es una forma de sobrevivencia, ella era de la familia de las “pelaas”, por parte materna, la estuvo criando la chacha Paca, con su marido el tío Manuel “el Obispo” y sus amistades mas intimas eran la “Paca rulo”, “la María la panadera,” y los hermanos “ Antoñita y Sebastián los campaneros”. De pequeños durante el buen tiempo, solían jugar en la playa, donde además de sus juegos ellos recogían muchas pechinas, que ellos conocen con este nombre, y se las comían crudas era un tiempo de hambruna, en que se aprovechaba todo. Cuando la comida estaba en su punto, su tía iba hasta el montículo de arena del lado de la iglesia que se llamaba el torreón, y desde allí podía llamar a los niños pues divisaban toda la playa.
Durante la guerra fueron a vivir, junto con sus primos Manolito y Mariquita, en una finca de las afueras de cabo de Gata, llamada la Jorica con una noria y su asno ramplón, al que cada día ataban a la noria y no cesaba de dar vueltas. Durante la contienda, los únicos que se acercaban por aquella zona, eran algunos jabegotes para malvender la morralla pescada para recoger alguna calderilla que les ayudara a malvivir. Fue entonces cuando descubrió las miserias humanas de una guerra sucia entre hermanos, en que los vecinos de toda la vida se denunciaban, e incluso los familiares sólo por envidia, sabiendo de antemano que estas serían a veces ejecutadas, sin la más mínima posibilidad de defenderse, sólo había que añadir el título de rojo , o de fascista, dependiendo del color del que mandaba de turno.
( Mercedes y María con el Patroncito).
Cuando años después su padre le pidió que volviera, se había convertido en una guapa morenaza, en su equipaje llevaba alguna cosa más que un poco de ropa, una gran variedad de sentimientos y de conocimientos que le permitieron una relación muy especial durante el resto de su vida. Aquí descubrió una ciudad muy grande, fuera de las medidas humanas de una chica de pueblo, pero estas medidas desmesuradas permitían a su vez esconder los delatores que vinieron para pasar desapercibidos entre la multitud, y entre las viejas calles ella descubrió a más de uno, le habría gustado hacer cualquier cosa, aunque pensó que el Señor también dispone de ángeles para llevar el salario a los asquerosos.
( Pepito y Mercedes, en el día de su boda).
Pepito, le gustaba recordar que la primera vez que vio a Mercedes en la calle Lancaster, se dijo para sí, “esta pueblerina tiene que ser para mí”. Así fue y después de una boda sencilla, marcharon a una pensión en la montaña de Montserrat. Debió de influenciarles mucho ya que terminaron con los años, comprando una casita en una urbanización de Esparraguera, cuya panorámica era la montana santa. Pasó tiempo hasta que la hija llegó al seno de la familia y que ya caminara un poco, para que ella organizara un viaje con su pequeña en verano y luego ya vendría Pepe a recogerlas. Los trenes estaban arrastrados con maquinas de carbón cuyo humo estaba cargado de carbonilla, este componente añadido al sudor y las ventanas abiertas por el calor, provocó que el padre llegara con una mascarilla negra como en las películas en blanco y negro. Resultó que su hija no sólo no le reconoció, asustándose además de llorar y huir corriendo hasta que su padre se lavó. Tuvo que nacer el nieto, y crecer un poco para que ella pudiera presentarlo a sus amigos y familia del pueblo, que por suerte ella pudo llamarle Manolico en honor a su primo , diminutivo que ella mantuvo hasta el ultimo día de su vida. En el mismo momento de su llegada, con la chacha Josefa, se fueron a la playa para comprar el pescado a los mismos jabegotes. Para su nieto fue un precioso lenguado y para los demás pescadito frito. Estaba el pescado encima de la mesa de la cocina, mientras las mujeres en su tertulia terminaban de freír papas con pimientos. De repente la prima Mariquita chillo: “Niña que el gato se lleva el pescado de tu niño, anda que lo vas a pillar”. El personal se quedó atónito con la boca abierta y sin decir nada, y ahora el niño comería también pescadito como los demás.
La época de la casa en Esparraguera, resulto ser la más bonita para ella, ya que estaba rodeada de jardín y con vistas a la montaña de Montserrat, además de la compañía de sus dos nietos, sus plantas y sus cactus, con algunos árboles frutales y una parra en la parte trasera. La suerte también le favorecía en los juegos de sobremesa con la familia, ganando sin pensar mucho como debía de jugar, esto a los jugadores del domino que suelen sentirse un poco profesionales les encabritaba, como podía ser que jugara sin preocuparse de tirar las correspondientes fichas y encima ganara. Aunque ella pensaba, que si eran sus fichas, podía tirarlas cuando y en donde quisiera. Sin pensar que esto es una contradicción para un mundo en que se juega sólo para ganar, para esto nos educan, no para romper los esquemas de la mayoría, ésta tiene su lógica aunque nunca ha pensado si era la mejor.
Al diagnosticarle la enfermedad del Alzaimer a Pepito, empezó el calvario para ella, ya que nunca llegaría aceptar este hecho, y ésta se transformaría en una lucha perdida de antemano, dado que esta enfermedad con sus medicamentos que la pueden frenar un poco, aunque está sigue su camino de forma irreversible. Al principio le costaba aceptar la ayuda, y por tanto se pasaba los días de la calle Lancaster a El Masnou y viceversa, hasta que algunos disparates la obligaron a quedarse con la familia. A medida que él nos sorprendía con más desatinos, paralelamente crecía la angustia de ella. Aún se cambiaba el pañal solo, aquel día salió al balcón que daba enfrente del mercado, y aprovechando que estaba pasando el autobús municipal, lo tiro al techo del bus, éste reboto en la parte trasera y fue a dar al parabrisas del coche policial sorprendiendo a su conductor que se apeo y desde la puerta de su auto le hablaba a Pepito.
-¿Y usted qué?, hombre
-¡Yo no! ¡Yo no! Ha sido el de arriba. Le contestaba él, que se ayudaba con las manos y la cabeza. Arriba no solo no había nadie en aquel momento, sino que además las puertas del balcón estaban cerradas.
-¡Yo no ¡ ¡ha sido el de arriba!, volvió a confirmar el, mientras su hija había bajado corriendo y recogido el pañal, disculpándose con el policía al que notificaba la enfermedad de Pepito. Subió al piso, y le comentó a su padre que no lo negara más, dado que aquel era su pañal. Entonces él lo confirmo, de que aprovechándose de que pasaba el autobús, lo tiró sobre el tejado pues esperaba que este se lo llevara a un lugar lejano, Y lo comento con toda la naturalidad del mundo, nunca sabremos si fue una travesura de niño pequeño o una forma de huida de la presión por la enfermedad. Esta historia hizo mucha gracia a todo el personal, excepto a Mercedes, a ella le estresaba, que las personas hablaran de estos temas. Sabes Señora cuando una persona pierde sus ilusiones, también extravía la razón de permanecer en este mundo, aunque nos justifique que sigue queriendo a su manera.
Al despedirme de Ti, lo hago con una poesía, que originalmente fue escrita en lengua castellana, dado que quiere dignificar aquellas personas, que por circunstancias de la vida tuvieron que emigrar hacia el norte. Es de los pescadores de las playas, y que tiraban las redes desde la misma arena y a los que en cabo de Gata llaman jabegotes. También lo que escribí en honor a Pepito, lo añadiré en esta carta como anexo.
LOS JABEGOTES.
A Mercedes Bautista Acuña.
Los jabegotes en su madrugar,
yendo de camino hacia el mar,
van entonando sus canciones,
que son pequeñas oraciones,
a la misma Virgen del lugar.
Bendita sea la señora del mar,
que nos da el amor y la destreza,
para que cuando salimos a faenar,
podamos volver con entereza,
¡sí! Sea bendita la Señora del mar,
siempre nos acompaña con firmeza,
y que jamás nos va abandonar.
( El primo Manolicdo).
Hoy cambiamos a la vieja tierra,
y abandonamos al anciano mar,
tanto en el llano, como en la sierra,
le cantaremos a la Virgen del lugar.
Vente mi niño, vente a el mar,
vente mi niño, a mi nuevo hogar.
A los poetas de entre tierra y el mar,
en su corazón les reboza el amor,
y lo llevan allí donde van a parar,
plantan su poesía como una flor.
Ellos siguen al lado de su canción,
en medio de tabiques sin terminar,
en una locura llamada construcción,
nunca olvidan a la Virgen del mar,
ya que Ella está en el mismo lugar.
Los jabegotes en su madrugar,
yendo de camino hacia el mar,
van entonando sus viejas canciones,
que son pequeñas oraciones .
Cuando el día empieza a despuntar,
los jabegotes cantan su soledad,
y las estrellas empiezan a marchar,
en su camino hacia la eternidad.
Vente mi niño, vente en el mar,
vente mi niño que nos vas a ayudar,
Tú que en Navidad, te fuiste a infantar,
antes de poder andar sobre el mar.
¿Dónde están los poetas de este lugar?
en que termina la tierra y empieza el mar,
si ¿en dónde fueron ellos a parar?
Algunos se fueron al norte en su buscar.
Duro el viaje, muy duro el abandonar,
duro el comienzo, aunque sea con razón,
nada les han regalado, ni siquiera el azar,
aunque la poesía va dentro de su corazón,
y de por vida la llevarán en su caminar,
para cantarla como una vieja canción,
a la mismísima Virgen del lugar,
vente mi niño, vente en el mar,
vente mi niño, te echamos a faltar.
Nueva la familia, nueva la ilusión´
los niños hacen su gran llegada,
y estrenamos una nueva canción,
aunque persiste la vieja tonada,
los que fueron pobres y pobres son.
Un jabegote visita el puerto de mar,
de la gran ciudad, junto con su nieto,
él le habla en la lengua de este lugar,
el jabegote sonríe, mientras mira quieto,
hacia el fondo en la gran inmensidad,
que es tan grande como su felicidad,
y como su amor a la virgen del mar .
( Manel, Fina, Pepito, Conchita y el primo Enrique).
ANEXO.
La carta que te escribí para Pepito decía así: Estimada madre de nuestro Señor Jesucristo. Te escribo esta carta para hablarte de Pepito, el chico de la Manuela, todo un carácter. Te pido que además de recibirle con tus ángeles, te acompañe Mercedes, ya que es a partir de la muerte de ella, cuando él decae de una forma ten brusca en su enfermedad, acercándose a Tu hijo y con un gran interés en visitar la iglesia. Entrabamos hasta el Santísimo y una vez aposentados, empezaba a cantar, lo que quería ser un ave maría de Schubert totalmente improvisada. Tú sabes bien Señora, que él siempre cantó muy bien, incluso estuvo actuando de solista en la sala Price de Barcelona, sin dejar de trabajar en su oficio.
Espero que nuestra forma de hacer plegaria te agradase, personalmente creo que era original y simpática, además en el momento en que se realizó estaba la iglesia vacía y al salir de ella, en la misma puerta me decía: “Julito ya hemos cumplido” entonces miraba al cielo y chillaba: ”Mercedes ven a buscarme”. En el camino de retorno a la plaza de Ocata, con todas las personas que cruzaba les explicaba que volvíamos de misa, y aunque me esforzaba en aclararle que sólo habíamos rezado, al día siguiente el volvía a su bola.
( Mercedes, con Alberto y su esposa Rosario, y Pepito .)
No hay ninguna enfermedad que sea buena, esta es emocionalmente dura, pero él solía darle un toque simpático para todas las personas que le atendían en su día a día, él les cantaba canciones y les añadía frases bonitas a las trabajadoras de la guardería, que estaba durante el día. Indudablemente su personalidad, terminaba haciéndole un personaje en todos los lugares que frecuentaba, siendo la atención para una mayoría. Al despedirnos de Tu persona, te diré que si pudiera hacerlo él, en este momento nos diría a todos:”Que os bombeen” porque esta era su manera de hacerlo en sus últimos tiempos. Aun que sería con bombas de amor y de misericordia de Tu hijo Jesús.
Me gustaría ahora agregar algunas cosas más a la carta de despedida, dado que a última hora me pidieron que durante el entierro hiciera una alegación en honor a Pepito, ésta fue de los últimos tiempos de su enfermedad, mucho más severa de lo que reflejo en el escrito, pues además de transformar a la persona que la sufre, la va destruyendo. Afectando a todos los que están a su alrededor. Hasta que la dolencia lo cambió, la seriedad fue uno de sus grandes compañeros de la vida, seguramente como reacción a las ausencias de su padre, y a unas vueltas que debieron ser peores. Teniendo que asumir responsabilidades de mayor en una familia numerosa, que no era lo mejor para un niño de su edad, aunque procurara llevarlo con dignidad. El otro gran compañero de su vida fue el trabajo, ya de muy pequeño, le tocó arrastrase por detrás de los mostradores de los cafés, lavando platos y tazas. Pues su padre que también era del ofició de hostelería, cuando recibía la paga desaparecía mientras durara la misma. Por tanto, Manuela, no le quedó más remedió que valerse de unos pocos céntimos que ganaba un niño, para poner a calentar la olla, Siendo como era una bendita en el Señor, si tropezaba con alguna persona muy pobre, la sentaba a la mesa con sus hijos y se repartía la miseria. Como explica el tío Alberto, se comía a la carta, dado que el que tenía la carta más alta podía comer un poco. Como dice el chiste no alimenta pero te calentara un poco. No es de extrañar que en su época militar, al volver de permiso en la calle Lancaster, se organizara el mismo ruido que en la fiesta mayor.
A medida que iba pasando el tiempo, todos se fueron independizando, al acercarse la hora de su boda, su madre le sugirió que alquilase el piso superior al suyo, y como estaba tan deteriorado, lo fuera arreglando poco a poco. Durante este tiempo fueron a vivir con la familia de ella, se comía en casa del padre y se dormía en el piso de encima con el primo Enrique y sus hermanos. Pepito era un enamorado de las motos, pero al llegar su hija, tuvo que poner un sidecar a la misma, y así poder llevarlas a la playa, que acostumbraba a frecuentar, con su hermana Manolita y su cuñado Fernando, al que apodaban el Nanot. Prepararon una cámara de camión con una red en el centro de la misma, para recoger mejillones, Pepito se quedaba junto a la cámara, pues fumaba mucho, mientras el Nanot se sumergía, decían que tenía más capacidad torácica, lo que le convertía en mejor submarinista. La verdad es que él también fumaba como un carretero, pero Fernando era también otro bendito del Señor, que además de su sonrisa haría cualquier cosa para unir a la familia. Pepito, yo creo que este anexo queda más completa la carta que te dediqué. Espero que sea de tu agrado
( Fernando, con su esposa Manuela y su sobrina Cristina, en segunda fila rosario y Pepito).
CARTA SEXTA.
Amada madre de nuestro Señor Jesucristo: Te escribo esta carta con la libertad que me da el sentirme amado por Ti. Recordaremos los primeros tiempos de mi conversión. Fue una época de sensaciones maravillosas, toda aquella alegría que me regalaste salía transpirando por los poros de la piel, como si fuera un volcán, que contrastaba mucho con la de aquellos cristianos que se evadían en masa, no vamos a discutir el porqué, cada persona vera su razón. Solo diré que a un converso, al que no se le pudiera influir con facilidad era un estorbo, pero que a pesar de los pesares siguió su camino aunque le pusieran “palos a las ruedas”. Es en aquellos primeros tiempos de mi fe, cuando empiezo a ir en las peregrinaciones a Lourdes, con la hospitalidad en los trenes de enfermos. Todo el esfuerzo físico y sicológico te lo ofrecía como plegaria, pues el trabajo era uno de los recursos que disponía, dado que mis conocimientos sobre Ti o Tu hijo, más que limitados eran de ignorancia pura. Me guste o no, esto era lo que en realidad había, y un servidor Tuyo no sabía más.
Entonces conocí aquel matrimonio tan correcto, el se llamaba Tomás y ella Loli, ellos también eran novatos como yo mismo en la peregrinación, y como tales nos quedábamos un poco al margen, ya que los veteranos, como los cristianos viejos tienen ese puntito de vanidad que les da el sentirse de la casa. Así que entre tertulia y servicio conjunto me pidieron que deseaban tener una charla conmigo, conteste que disponía del tiempo necesario. Me dijo el Tomás que ellos no eran creyentes, hecho que era una paradoja en una peregrinación de enfermos, aunque todo tiene una explicación y la de ellos era que tenían una vecina muy amiga en silla de ruedas y que esta sí que era religiosa. Les había solicitado que fueran a Lurdes a acompañarla y ellos habían accedido. El hecho estaba en mi sorprendente comportamiento hacía ellos y los enfermos, toda esta alegría que regalaba les preocupaba, por si descubría que en los actos religiosos ellos salían, hecho que pudiera provocar cierto desengaño y me alejara de su amistad. Aunque como personas honradas debían de salir para respetar a los que verdaderamente sentían aquel acto como propio.
En aquel momento me sentí ridículo conmigo mismo, ya que me estaban dando un valor que mi persona no poseía, repartía una alegría que la Virgen me regaló, pero como creyente era un neófito, y me sentía como tal un ignorante en Tus cosas y las de Tu hijo. Hice la comunión a los nueve años, y no volví hasta los treinta y tres, con la excepción de tres veces a los dieciocho, al preguntarme qué era realmente. En veinticuatro años en el mundo, no sólo no aprendí nada sobre las cosas del Señor, sino que se me olvidaron algunas de las que me enseñaron a los nueve años. Por tanto era consciente que en aquel momento de mi vida necesitaba, toda la ayuda que pudieran aportarme las demás personas. Encima la junta de la hospitalidad había dimitido en pleno, y todo el mundo se sacaba la responsabilidad de encima y los novatos éramos un latazo, pues sólo preguntábamos y no sabíamos de nada, suerte de la confianza en Ti.
Le dije al Tomás y a la Loli, que un servidor les quería igual que antes,
( La capilla subterránea de San José en la explanada de Lourdes).
pues había llegado al mundo de la fe prácticamente anteayer, y por tanto mi experiencia era pobre en demasía para aconsejar a nadie. Pero de verdad pienso, que no os debéis preocupar, la Virgen María lo solucionara. Lo dije así, ya que es lo que pensaba y sentía en mi interior y por tanto estaba convencido, lo que no me quedó tan claro es si ellos lo sintieron igual.
En las peregrinaciones a Lourdes, descubres que una vivencia te empuja la siguiente, como las personas en la estación a la hora punta. Antes el hospital para los enfermos estaba en la explanada, en lo que ahora es edificio de servicios y también los confesionarios. La puerta principal situada en el centro del mismo y con el único montacargas para las camillas, solían poner algún voluntario de servicio, dado que en los momentos primordiales alguien debía de atender los pacientes. Me tocó a primera hora de la tarde, como no había ningún acto estaba todo muy tranquilo, sólo un grupo de jóvenes que conversaban sobre el tema de Dios, y vaya una sorpresa me llevé, una mayoría de aquellos voluntarios, que de alguna forma se reconocían un poco creyentes, en cambio no esperaban que este Dios nos pudiera ayudarnos en mucho o en poco. Mira Señora esto lo decía una juventud guapísima, que estaba realizando un servicio de voluntariado a los enfermos, y que además también colaboró en el coste de su billete. Una jovencita que estaba en una silla de ruedas, les dijo a todos, que ella sin aquel Jesús del evangelio no habría sobrevivido encima de aquella
Al cabo de cierto tiempo, me llego un libro sobre naturismo, lo enviaba el Tomás y la Loli, esta fue durante mucho tiempo la última noticia que tuve de ellos, ya que por aquel entonces estaba en el ropero de caritas y ayudaba en la Gavina, además de mi trabajo en el taller, así que casi me olvide de ellos, pues mi persona no daba para más. Habían pasado años, cuando el padre José un jueves por la noche nos comunicó al grupo de oración, que estaba haciendo una llamada en las misas, necesitaba personal en la pastoral de la salud, y que nos agradecería si quisiéramos colaborar personalmente, y también si conocíamos a otras personas que quisieran participar. Hubo un coloquio en la Iglesia de Maricel, de donde salimos la Mª Ángeles, Tina, Lucia y el Jorge, con Antonia del grupo de oración y alguna voluntaria mas, nos presentamos en la rectoría de San Pedro en la hora convenida por el padre José, las verdad es que daba gozo, y cuando este nos abrió la puerta no pudo disimular su alegría, y en las presentaciones el ruido aumento a chillidos. Dentro nos esperaba un matrimonio, sus caras me eran conocidas. El padre José dijo que serian nuestros compañeros a los que también saludamos efusivamente. Entonces la esposa se dirigió a un servidor: ¿Juan no me conoces?. Se hizo un silenció, entonces les dije que sus caras me eran conocidas, pero en este momento no me acordaba de qué. Ella me replico, sí, Juan somos Tomás y Loli de Lourdes, estuvimos contigo ¿no te acuerdas? De golpe estalla la alegría y mientras nos damos abrazos, Tú me pasas por mi mente la película
( María, Joanna, Teresa y Juanita).
de entonces, con frase incluida, “la Virgen María lo solucionara”. Estaba contento pero asombrado de verdad, vaya un cambió Señora, esto era una maravilla, y mientras Tomás nos contaba que él no podía venir a las residencias debido que en unos días llevaría a cabo los votos de compromiso con los laicos de la orden de San Francisco.
Cada semana en nuestra visita, preparábamos una mesa con un pañuelo que traía Tina, además de un pequeño crucifijo, y alguna flor que recogía del jardín de su casa. Hacíamos una plegaria y comulgaban los que deseaban, mientras realizábamos este servicio, desde el fondo Salvador, no paraba con su silla hacia adelante y atrás, hasta que se terminaba nuestro servició, luego venia corriendo para añadirse en las tertulias, a él le gustaban con cierto cariz apocalíptico, los peligros de una guerra atómica, los accidentes barbaros en las carreteras, o sencillamente las catástrofes naturales a lo que le gustaba añadir, no entiendo como vuestro Dios lo permite. Lo que realmente le hacía feliz y estaba esperando, era la despedida de la Tina con el beso en el carrillo incluido. En momentos como este, es cuando descubres que a todos nos gusta ser estimados en Tu hijo Jesucristo.
Sabes Señora, que en el primer momento en que se están realizando muchas vivencias relacionadas contigo o Tu hijo se me escapan, redescubriendo su importancia solo después de meditar los sentimientos que forman dichos actos. Me despido de Ti, esperando Tu atención sobre todos nosotros y escribiéndote una poesía.
( La Juanita en la explanada al frente de la Basílica).
La vida nos ha llevado andar y más andar,
hacia la puerta que se da el gran paso,
aunque para esto no nos fueron a educar,
sólo miedo nos dieron en tal caso.
Detrás de esta puerta he de buscar,
porque sé que Te voy a encontrar.
Rosa en la mano Te espero hallar
y también Tu tan bonita sonrisa,
en que la Bernadette se fue a encontrar,
lo sé ahora, mientras escribo sin prisa,
siento como me adelantas Tu estimar.
Recordamos el pasado con añoranza,
mientras el tiempo nos falsea la verdad,
quieren escondernos a ti como esperanza,
diciéndonos que ya no eres una realidad,
solo un espejismo sin templanza.
Palabras vacías que se lleva el viento,
como te amamos sabemos que Tu estás,
y que estuviste ahí todo el tiempo,
en Su nacer, y en todo lo que nos das,
con Tu mano en nuestro sentimiento.