CARTA SEPTIMA.
Amada madre de nuestro Señor Jesucristo: Te escribo ésta con la libertad que me da el sentirme amado por Ti. Hoy tengo la necesidad de hablarte de una persona que a mi parecer cruzaste en mi camino, y que jamás entendí el porqué, entonces debo de escribirte sobre Carlos.

(Parque nacional de Aigues Tortes).
Un buen día se presentó al taller, para solicitarnos un presupuesto de un marco con dos puertas correderas, para el dormitorio, lo acepto, se hizo, y cuando acábanos, nos comento que el preció calidad estaba muy bien. Unos días antes de mi boda, se presentó en el taller con dos bolsas grandes del Corte Ingles, con una manta en cada una de ellas, Le comente a Carlos que sólo le había hecho una puerta y que lo que traía me parecía en demasía y por tanto muy exagerado.
Con un tono de voz que imponía me dijo: Chaval, al pedirte el presupuesto te regateé, cosa normal en un banquero, me contestaste que te habías ajustado en los precios, cosa que me costó de aceptar y aún más de comprender, ya que toda mi vida en la banca y en los negocios “la peseta es la peseta, y lo demás son puñetas”. Cuando estabas colocando la puerta, muy en serio te dije que tal vez no me llegaría el dinero para pagar. Por sorpresa mía, me contestaste que ya te pagaría poco a poco. Era la primera vez en mi vida que una persona que no me conocía, me estaba ofreciendo ayuda y encima sin condiciones, cosa que no volví a entender pero que me gusto, y en mi situación de aquel momento fue crucial y Carlos no olvida nunca estas cosas. No dije nada Señora, ya que no sabía que contestar.
A partir de este suceso, comenzamos a desarrollar nuestra amistad, y empezó a comentarme cosas de la historia de su vida. Un día me preguntó, si sabía cómo convertir un perro en un animal rabioso, le contesté: “ esto no lo pensé nunca”. Pues tienes que atarlo y pegarlo sin ningún tipo de lógica, la única razón es el pegar por pegar. Esto es lo que hizo mi padre conmigo durante mi infancia. Tuve que contestar con la expresión de mi cara, dado que no tenía respuesta y encima estas cosas sobre niños me impresionan en demasía. Para huir de esta situación se apunta voluntario a la guerra civil, y lo mandan al frente, pero esto no le ayuda en su situación personal. Se siente peor y al poco tiempo decide volver a su casa, para ver a su madre sin contar con nadie. Se dirige por la noche a la estación de tren más cercana, y se sube a un vagón colocándose debajo de un asiento múltiple, en medio de las cuatro personas, previamente él se aseguró de que éste viajaría hasta Barcelona.
Esperaría que llegaran los viajeros, estaría sin moverse todo el viaje y después de la llegada a la estación de Francia, aún permanecería en la misma situación hasta la madrugada, saliendo por los raíles y caminando en compañía de ellos, hasta Pueblo Nuevo, la zona más próxima a la casa de su madre. El sabía que de hacerlo diferente, equivalía terminar en el paredón. Después de largas conversaciones con su madre y sus mejores amigos, deciden ir todos juntos al ministerio de la guerra.
Al oficial de turno se le explica, que su madre no está bien de salud, y esto le puso nervioso, además teniendo cuenta que es un niño sin ninguna experiencia en la vida militar y sus normas, él ha cometido un tremendo error al pensar que podía visitar a su familia sin pasar por los cauces debidos, pero que está allí con la intención de subsanarlo, ya que de otra manera, él no se hubiera presentado. El oficial de turno estaba molesto y anonadado, por tanta irresponsabilidad, y les expuso que de encontrarse con un pelotón que buscan desertores le fusilarían al momento sin ninguna explicación, y pidiéndole que jamás se saltara los protocolos, fue devuelto al frente de la guerra.
Con el tiempo no sólo crecía en edad y en cuerpo, también desarrollaba el rencor, la ira y la capacidad de destrucción, acabó formando parte de un comando nocturno que con sólo un cuchillo y una lata de betún, salía por las noches a cazar enemigos, hay que matar a todo el que se tropieza en su camino, un solo fallo y estarás muerto. El olor de la sangre y del sudor, con el calor del cuerpo humano, provocan una controversia con sus sentimientos y su equilibrio mental, se debe odiar muchísimo, sino es imposible sobrevivir en una situación como aquélla.

En la retirada ha llegado a Barcelona, y mientras una mayoría huye hacia el estado francés, Carlos lo hace a casa de su madre, en donde permanecerá unos días escondido, lleva consigo un hacha grande de leñador y si ella no se hubiera interpuesto entre padre e hijo, estaba convencido que con un solo golpe lo habría partido en dos, ya que se había convertido en un salvaje de verdad. Unos días después se fue a trabajar a los almacenes de avituallamiento del ejército de Franco, en donde trabajo como panadero, no faltando la comida ni a su madre ni tampoco a sus amigos.
Terminada la guerra, y con la situación un poca estabilizada, empezó a trabajar en el banco, primero como chico de los recados y portero, una trabajadora del mismo y que con el tiempo será su esposa, le ayuda a estudiar por las tardes y noches. Va progresando en sus estudios y en las plazas de trabajo, y seguirá luchando, consiguiendo finalmente llegar a director de una sucursal bastante importante. Por las tardes montará un taller de carpintería, en su misma línea, este desarrollo le permite comprarle cantidades de regalos a su mujer, Carlos es una persona agradecida, y no olvida que ella le ayudó a llegar donde está, ha supeditado toda su vida alrededor de su esposa.
Pero su salud corre a la misma velocidad, pero en dirección contraria, y lo más importante es la vista, ésta se le está perdiendo rápidamente, así que el banco decide darle el retiro adelantado. Con un premio pecuniario, un reloj y un discurso en que resalta lo importante que es para la empresa. En realidad le dicen que ya es un obstáculo en el camino de la misma y que le dan una limosna para que desaparezca. El director nuevo que se lo está fulminando, nunca piensa que puede estar escribiendo un capítulo de su propio futuro, con la llegada de un nuevo verdugo que tal vez en otra ocasión le ajusticiará a él.
La cosa iba de mal en peor, hasta que un día al llegar a su casa se encontró con unas maletas en la puerta y su llave no habría, al llamar salió su esposa, que de forma escueta le dijo que agarrara las maletas, pues eran para él, y se fuera con quien quisiera, ya que ella no había nacido para cuidar inválidos. En aquel momento toda su vida se hundió, ya que la razón de su vida, lo acababa de echar a la calle y además con malas artes. Tuvo que volver con su madre y ella junto con sus viejos amigos, le montaron un servicio de guardia las veinticuatro horas, pues temían por su vida dado que el bloque de pisos era muy alto, y aunque escondieran la llave del terrado, algún vecino, terminaría dejándose la puerta abierta. En estos instantes tan difíciles para él, su ex aprovecho para llevarlo a juicio, con unas exigencias tan brutales, que la señora Juez que llevaba el caso, tuvo que defenderlo seriamente para que pudiera quedarse en unas condiciones razonables, y una de las cosas que le salvó, era un piso en El Masnou.

Carlos era una persona que causaba cierto respeto, cuando pedía alguna cosa, se tenía que conseguir rápidamente. Me pidió que le buscara un carpintero, tuve la suerte de que Eduardo estuviera disponible, pero tenía la duda de si le gustaría. Al verlo otra vez, me preguntó, ¿de dónde has sacado este hombre? A la que respondí ¿acaso no te gusta? Que sí me gusta, puedes llevarlo a todas partes. El siempre alardeaba que aunque se estaba quedando ciego seguía teniendo un ojo clínico, en el cual descubría el talante de las personas. Con Eduardo acertó, pues además del trabajo hay que añadir su buen carácter le enriquecía la convivencia. Además de los ojos, también las fuerzas físicas iban disminuyendo, tuvimos que pedir una silla de ruedas para salir, y como era un sibarita algún domingo íbamos a tomarnos un tapeo, con la condición que de vez en cuando me permitiría pagar. Me tocó pagar una vez que le visito uno de sus amigos, entonces se mosqueo muchísimo, diciéndole a su amigo, que no sabía por qué pagaba un servidor, si realmente no tenía donde caerme muerto. El hablaba siempre sin tapujos. Me acuerdo como si fuera hoy mismo, y le contesté en tono alegre: esto no es cierto Carlos, soy muy rico, casi diría que riquísimo, tengo un montón de pagares en el cielo y solo necesito encontrar a un banquero que los quiera cambiar por dinero de la tierra. De verdad, como se rieron, y le comentaba a su amigo, está como una p… cabra, pero con él, lo paso estupendamente.

En los últimos días creo que él fue más consciente que los demás personas de su alrededor, que esto se terminaba, entonces aprovecho para regalarme un paquete de tarjetas de restaurantes en los que consideraba que se comía con cierta calidad. Estoy convencido que me quería mucho, pues aquello era un tesoro para él. Entonces me asombro de forma excesiva, al preguntarme si creía que realmente existía un Dios. Le contesté con otra pregunta, si él realmente me creía y confiaba en mí como amigo. Me dijo una frase que no se puede olvidar. Eres la única persona de este mundo a la que creo y por tanto puedo confiar. Mira, Carlos tengo que creer, porque lo he experimentado, y por tanto no puedo negarlo. Tú sabes que jamás te engañaría en la vida. Esto fue nuestra despedida, no me lo esperaba, pero él si lo sabía. Durante la época posterior pensaba que tal vez podría haberle convencido de que le presentara a un sacerdote para que charlara con él, luego descubrí que si realmente hubiera sido Tú voluntad, esto se hubiera llevado a término, no tengo la menor duda, como que también decidiste lo mejor para él y su momento oportuno.
Creo Señora que normalmente tu hacer no es muy ruidoso, excepto en Fátima que resultó ser una verdadera locura de Tú amor, como me hubiera gustado estar allí, contemplando el baile del sol, que fiesta y como se contradicen las personas con Tu historia. Sabes una vez Carlos me contó que había estado allí, y estuvo siguiendo a una mujer que andaba de rodillas con una niña muerta en los brazos, y un reguero de sangre pues sus rodillas estaban en carne viva. Me explico que no podía entender estas cosas, aun cuando le impresionó tanto como para tener pesadillas durante mucho tiempo.

Supongo Señora que él te habrá preguntado, porque le toco vivir tanta dureza, en su vida, con una guerra entre hermanos de por medio. Esto Señora es monstruoso. La última que vimos fue entre los eslavos del sur, primos hermanos que se diferencian en el tipo de escritura y que unos son católicos y los otros ortodoxos. Incompresible que delante de semejantes pequeñeces ocurran cosas tan atroces, mientras los demás lo miraban sentados en el sofá como si fuera una película. No sé si llegaré a entender estas cosas, pero quiero pensar que cada vez que construimos una situación afectiva en la tierra le arrancamos una sonrisa a Tú hijo. Quiero despedirme con una poesía que dedique a una persona que me impresionó con sus palabras y en su vivir, la Montse Matéu. Al volver del trabajo, se encontró con un grupo de muchachos, que hacían carreras de automóviles, la pillaron encima de la acera, su zapato se encontró en un balcón del primer piso, y para socorrerla la pusieron en la parte posterior de un seiscientos, convirtiéndola en una parapléjica. Entonces ella no estaba conforme, dado que no tenía vocación de mártir, ni de religiosa, y la silla de ruedas se le había impuesto, y por tanto ella no estaba conforme con el papel que le había tocado en el teatro de su vida.
EN VERDÚ SE PEINA EL SOL.
Las cornisas de los viejos tejados lloran,
lloran en pequeñas gotas de la rociada,
caen en la oscuridad de la noche y expiran
al calentar ya la luz de la madrugada.
La niebla no para de bailar con el viento,
sobre el juego de la rayuela, va saltando
líneas de yeso y en las roturas del cemento
hierbecitas, que al frio van desafiando.
También a la oscuridad que se va muriendo,
porque a pesar de todo renace la vida,
mientras la niebla ya se está yendo,
y la esperanza de la luz del día nos chilla.
Esta mañana se peina el sol en Verdú
porque sabe, que hoy te quieres marchar,
y él quisiera hacer lo mismo que haces tú,
y así a tu lado en silencio caminar.
Caminar en los tiempos que ya no están,
y que las hojas del olivar se platean enteras,
también las uvas de las cepas se sonrojan,
que solitarios ves los campos y las eras.
Las centellas del sol, te son chispeantes,
las hojas de los árboles están bailando,
en el cristal, tu imagen por unos instantes,
es sólo un reflejo, el coche va caminando.
A la ciudad, polvo, humo, calles y más calles,
delante de tus ventanas, ventanas vas a encontrar,
y a la pared con papel imágenes en detalles,
que te recuerdan que nada tienes que abandonar.
En Verdú el sol se peina en el suelo,
desea que tú le quieras porque él te quiere,
y espera encima de los tejados todo el revuelo,
que dará su vida con el retorno que te sugiere.
Mira el abandono de la vieja muñeca de trapo,
en un mugriento terrado lleno de enseres,
él a diario sus cabellos acaricia un rato,
porque olvidarla en su soledad tú no quieres.
El picaporte y el cerrojo de nuestro sentimiento
seguirán oxidándose en el paso del tiempo,
y los muros de nuestras vidas se van conmoviendo,
con el andar diario que nos va consumiendo
El amigo que su visita cada día nos viene a dar
y para nuestras emociones un poco de calor,
pues el Señor le hizo un día memorizar,
que debe salir para la humanidad con su amor.
En Verdú, se peina el sol en el suelo,
y espera tú retorno con todo su amor,
después podrá marchar ya hacia el cielo,
sabiendo que ya encontrará al Señor.
CARTA OCTAVA.
Amada madre de nuestro Señor Jesucristo: Te escribo esta carta con la libertad que me da el sentirme amado por Ti. Hoy quisiera que habláramos de los primeros tiempos de mi conversión, en relación a las peregrinaciones de Lourdes. Con ellas Tú me enseñaste a caminar por el sendero de la fe.
Era un día soleado de primavera, marchaba por la calle de Capitán Mirambell, y al llegar a la plaza de la Villa de Madrid, me llamo Dolores que estaba hablando, con una señora que aparentaba seriedad, y me presentó. Mira Juan esta es la señora Pepita que nos lleva a Lourdes. Pepita éste es Juan, que no iba nunca a la iglesia y ahora va a misa, ya te hemos comentado sobre él. Así que vas a misa casi cada día, comento Pepita, entonces no te vas a librar de venir a Lourdes con nosotros.
La verdad Señora, pensé que debía de hacer un esfuerzo para disimular mi ignorancia, dado que la historia de la Virgen con una niña del pueblo de Lourdes, me era desconocida, pero le conteste con una pregunta, que si quería disimular fue como que no. ¿A Lourdes para qué? La buena mujer se quedó un poco sorprendida, pero ella reaccionaba muy rápido. ¿Cómo a Lourdes a qué? Todo el mundo sabe que allí se va de peregrinación con enfermos, que es el lugar que se apareció a santa Bernadette, y por tanto se va a rezar. Esto de ir a rezar me parece bastante bien le contesté. ¿Cómo que bastante bien, hombre? Has de saber que es el único lugar del mundo que para trabajar tienes que pagar, tu viaje, tu estancia, además de una parte del billete del enfermo, ya que este señor no está en condiciones laborales.

La verdad era que un servidor esto no lo veía nada claro, el ir a trabajar cinco días, pagándote el viaje, la estancia y encima dándole al doliente una propina. Sí hombre y que más! No sé que se imaginará esta señora pero a uno le hacen sentir tonto, y de verdad que lo soy, ¿pero tanto? Así que pensé que tenía que salirme de esta encerrona, y una buena excusa en el mundo es el dinero. Mire señora Pepita, la verdad, no lo veo tan claro como dice usted, lo cierto es que no voy largo de dinero, pues en su argumentación habla como si me sobrara y desgraciadamente esta no es mi realidad. Por el dinero no debes preocuparte Juan, allí donde no llegues tú, llegaremos nosotras, las cosas de la Virgen María no pueden ser diferentes.
Al reprender mi camino, pensé: caray chico, esta mujer te acaba de meter un gol, y vaya gol, tienes que pagar para ir a trabajar, te puedes maravillar lo que has aumentado como tonto en poco rato.
Así que fui a Lurdes de la mano de la que sería mi gran amiga Pepita, siempre digo: “ella que sabía poner chispitas del Señor en forma de florecitas dentro del jarro de nuestra vida. Ella me lo explicó muy bonito, demasiado para una persona que provenía del mundo, con sus prejuicios y su visión materialista. Como oración del mismo, pensaba que podía comérmelo todo en cuatro mordiscos, acompañado con salsa de neurastenias, para ayudarnos a tragar un mar de consumo con total desgana, solamente para poder entronar nuestro orgullo. Amén.

(Francisco i Montserrat).
Nos embarcamos en una estación de carga, con cierto aire de abandono, los vagones eran todavía de los de madera, que salen en las películas del oeste americano, En un vagón al preguntar si mi billete era de aquel compartimiento, me contestaron, hombre, nos faltan voluntarios, así que si te quieres quedar con nosotros, te estaremos eternamente agradecidos. En aquella estación no estuvo mal lo que se curro, pero en la estación de Port Bou, aquello fue demoledor, se descargaba el tren en el andén español, se trasladaba al andén francés y se cargaba en el nuevo tren, por suerte era de construcción más reciente, no pienses Señora que fuera una cosa del otro mundo. El trabajo en la peregrinación va ligado a tu buena voluntad, cuanto más haces, más te dan, cuando ya estaba cansado, me envolví con una manta como si fuera una alfombra y me dejé caer en un pasillo, no oí nada más hasta la estación de Lourdes, donde todo era griterío, más que chillidos parecía que estuviéramos berreando. Eran las siete y media, me daba la sensación que sólo había dormido cinco minutos, aunque en la realidad habían sido tres horas y media . Nos fuimos al hospital que está en la explanada a repartir los equipajes, lugar que ahora están los servicios y los confesionarios. La verdad es que tuvimos mala suerte, ya que había dimitido la junta en pleno y el señor cardenal lo había aceptado, por tanto los de la junta saliente se desentendían y los de la nueva no habían llegado, y como novato debíamos preguntar, ya que la buena voluntad sin saber, vale bien poco. Y es que la primera vez que llegas allí, te encuentras con un mundo diferente, descubres que no sabes nada de nada, suerte de las hermanas monjas, ellas van a trabajar, y te enseñan en lo que pueden, les da igual que responsable haya de turno, su jefe es siempre Jesús.
Por la tarde estaba la exposición del santísimo para los enfermos delante de la basílica, asistían unos señores franceses que según parece debían de ser militares retirados ya que llevaban tantas medallas expuestas en el pecho, que andaban ladeados, y no paraban de mover arriba y abajo a los enfermos. Entonces pensé, ¡Dios mío! porque tanto dolor, descubría que no era tan bonito como me contaron, sino que además aquello era un muro de llagas y enfermedades, y un servidor estaba allí en medio sin saber bien que hacía o que buscaba, me preguntaba: tal vez debería marchar horrorizado como un gato escaldado. Me fui a ducharme a la residencia de san Miguel, sede de los voluntarios, rezongando como un viejo, molesto conmigo mismo, y pensando si podría largarme sin llamar la atención, me dije que no volvería jamás. Se ve que el agua y el jabón, lavan hasta las ideas, ya que medite que si cada vez que las cosas, no son como crees que deberían ser, y entonces nos largamos, todas las personas que están necesitadas no serán ayudadas. Si todos hiciéramos lo mismo sería un mundo de abandonados en sus necesidades. Este universo sólo mejorara en lo que estemos dispuestos a aportar, y su mejoría será la cantidad inversa al sacrificio de nuestro egoísmo.

(Francisco en la procesión del Corpus Cristi).
Esta fue la segunda lección que tuve que aprender sobre Lourdes, la primera era que tenía que pagar para trabajar y aportar un poco más, la tercera era que la buena voluntad por sí misma no basta, debes aprender sus necesidades y empezar allí donde los enfermos acaban, y nuestra actitud es importante, ya que cualquier síntoma de paternalismo es nefasto y doloroso psicológicamente hablando. La cuarta lección es que el amor y la estimación no son las mismas que las del mundo, en donde lo puedes demostrar con los regalos materiales, los cuales cuanto más caros suele ser, más importante es tu parte afectiva. En Lourdes esto no sirve, aquí hay que desarrollar los sentimientos y si no sabes, el remedio es aprender, como dije la medida la debe poner uno mismo. La excusa de que no lo puedo dar, porque no lo he recibido, aquí no sirve, si en este momento no lo tengo, me acerco a Ti y te lo pido prestado. Pues si es para regalar,
me darás un anticipo.
(Montserrat en la Santa cueva).
De vuelta al hospital me cruce con una chica en silla de ruedas y volví a sentir otro mensaje “te casarás con ellos” pensé que seguía perdiendo el poco juicio que me quedaba, dado que los mensajes llegaban y no estaba preparado. A pesar de los pesares, me acerque a la muchacha para preguntarle si podía llevarla, me contesto que primero a la cueva de visita y después a las piscinas, y que esto sería sin dudar muy aburrido. Así lo hicimos, aun no había tomado asiento en los bancos de las piscinas, se me acerco sonriente un sacerdote, el cual me comunicó en italiano, que el rezaría una decena en latín, otra en italiano y la tercera en francés, dejándome un par para mí. Le confirme que la cuarta seria en lengua española y la quinta en catalán, el buen hombre me dio su consentimiento en algo así como “benne”. En cuanto me dio la señal, salí micro y en el mismo instante que empezaba a rezar el padrenuestro me has dicho, “cuando vuelvas saldrás a leer i (ah).. lo harás a diario” he deducido que tantas emociones me estaban traicionando y seguido rezando que es lo que tocaba. A la vuelta hacia el hospital, me acordé que en mis visitas de dos minutos después del oficio, te explicaba un poco quejoso, que iba a misa y parecía un fantasma al que los feligreses no pueden contemplar, parecía un perrito sin dueño, que no para de menear el rabo, esperando que un alma en pena le diera un huesecillo. Me sacaste del mundo material, pero la verdad no sé qué hago aquí. Al día siguiente de mi vuelta estaba en la capilla del Santísimo, de rodillas esperando que empezara la misa, cuando note, a una persona en mi espalda era Salvador el sacristán con un mensaje. “ Ha dicho el padre Isidro, que salgas a leer, y (ah).. que lo hagas a diario” Todo esto era un cumulo de sensaciones y de emociones, que desbordaba mi capacidad y mis sentimientos, a mi me hacía correr como una moto a todo gas, y uno mismo piensa que a las demás personas que frecuentan la iglesia les debe de suceder cosas parecidas, hasta el día que intentas comunicar con ellos, entonces descubres que no solo no es así, sino que los incomodas y de alguna manera les rompes sus esquemas y tal vez alguna tradición.

El viaje se me representó como la historia de Jacob, que luchó toda la noche con un ángel y lo ganó, aunque fue herido en el muslo y salió cojeando. Cuando me obsesiono en algún objetivo pensando que Dios lo quiere, y es posible que Tu hijo nos esté gritando que éste no es el camino que esperaba de nosotros, Pero como la finalidad era buena seguimos en la brecha y conseguimos salir, seguramente con el premio de Jacob, es decir con la marca del ángel. Al final del trayecto, me dieron un montón de abrazos y de besos, que deducía que era una parte del anticipo del sueldo de estimación y de afecto, que tal vez un día cobraría. De lo que estoy seguro es que puse la cara de tontorrón, debido a esto ahora me saludaban todas las personas. Lo más curioso es que aún no había regresado, que ya estaba esperando la llegada del Setiembre posterior para volver a trabajar pagando. Había descubierto que Lourdes era un vértice en mi camino, aunque el ángulo no era muy pronunciado, poco a poco mi sendero se iba alejando del camino del mundo. Allí empecé a abandonar útiles de mi pasado que ya no usaría nunca más. Al siguiente año, ya era un veterano, aunque seguía siendo un ignorante sin idea de lo que tenía que hacer, pero un veterano que seguía como una moto, haciendo disparates a toda velocidad. No sé cómo me fui a parar al vagón de las camillas y en la plataforma explicaba cosas de mi conversión, como que no sólo no era religioso, sino que no tenía intención de serlo, pero que el Señor era misericordioso y con un servidor más. Entre los compañeros estaba Jané, era una persona que me impactaba con su talante con los enfermos, tenía reverencia por la vida y las personas. Me pidió que fuéramos a sentarnos en el interior del vagón, las camillas estaban encima de los respaldos y los voluntarios se acomodaban como podían y el empezó a contarme su historia: “De joven no era una persona que practicaba, aunque seguía las tradiciones de mis padres, y una de ellas era la misa de Nochebuena. Era vigilia de Navidad y trabajaba, me fui a comer el menú en una taberna para trabajadores, que este día era un menú de fiesta, sopa con pasta, pollo asado, y turrón con cava. Estaba sentado en una mesa pequeña en un rincón del local, entonces entraron una pareja él llevaba una guitarra en la espalda y ella un niño en los brazos era un niño precioso, con los ojos azules y los cabellos rubios más bien largos y con rizos, lo que le convertía en la atracción de los comensales. Después de charlar con el dueño, se pusieron a cantar una habanera. Al terminar todos les dimos un poco, acto seguido le enseñaron al patrón lo que habían recogido y tomaron mesa. Sabes Juan, no estaba exento de errores ni malos pensamientos, así que lo primero que me vino a la mente: “seguro que le traerá bebida, en vez de comida para el niño”, era evidente que el niño me llamaba la atención. Entonces para doble alegría mía, volvió el dueño con un plato de sopa con pasta y un poco de carne cocida, no solo me alegré por el niño, también por mis errores. Al traerme el plato de estofado, le pregunté como era que ellos no comían nada, hombre, si con lo que le disteis no había ni para la sopa, me contestó. Bueno pues les traerás dos menús, y si preguntan quién pagó, dirás que fue un cliente que ya marchó, deseándoles lo mejor. No te puedes imaginar con que alegría recibieron aquella comida, cada vez que llegaba un plato era una fiesta, me sentí tan bien como ellos y tan feliz como el pequeñín. Por la noche me puse guapo, y me fui a la misa, me sentía bien conmigo mismo. Al terminar el acto religioso, me puse a la cola para besar al niño Jesús, a mí me gustaba pasar desapercibido, así que cuando ya me acercaba por fin hacia el niño, la mayor parte de los feligreses se habían marchado, entonces me di cuenta, no era un muñeco de porcelana, era el niño de los pedigüeños, con sus ojos azules y sus greñas rubias que me sonreía, al besarle, sentí como me daba las gracias. Él estaba emocionado no sabía qué hacer y el niño seguía sonriendo. Al salir de la iglesia era una persona diferente”. En aquel momento, “Jané tenía una sonrisa especial, y su rostro reflejaba una luz suave que aportaba una sensación de paz”. Su talante maravilloso, era el poder caminar cogido de la mano de un niño Jesús con los ojos azules y los cabellos rubios. Su hija Marta me explico que durante la retirada en la guerra civil, se encontró con un herido y se lo cargo a cuestas, y aunque él se imaginara que era su amigo el niño y no pesaba, no pudo seguir el ritmo de la columna militar y fueron apresados por el enemigo y él fue llevado a un campo de prisioneros, lo curioso es que en pocos meses, nuestro amigo ya estaba en Badalona, más que raro, esto era imposible en aquella época.
En la estación de Port Bou, el descargar las camillas era una obra de ingeniaría, en la parte exterior del vagón, se colocaba una mesa con cuatro voluntarios, que tomaban la camilla que salía por una ventana de guillotina, uno de los dos de la parte delantera, tenía que estar pendiente de la nariz del enfermo, que no se quedase en la parte superior de la ventana, se entregaba la camilla con mucho cuidado a dos voluntarios que estaban la parte trasera de la mesa, que colocaban en un carro de ruedas especial.
Cada tarde en la exposición de los enfermos al Santísimo, comenzaba mi calvario con los medalleros franceses. Supongo Señora que si todo el mundo supiera que los premios los dará Tu hijo, no necesitarían ir tan cargados. La historia estaba en que los voluntarios dejábamos los carros de enfermos en una supuesta línea virtual, al momento llegaba el primer medallero, que movía los carros unos veinte centímetros hacía adelante, cuando éste estaba en la cuarta fila aproximadamente, llegaba un segundo medallero que empezaba la misma historia al revés, retrasando los carros unos centímetros y si estábamos de suerte sólo aparecía un tercero. Les solía preguntar si nadie les hacía caso en la vida real, a lo mejor todavía os falta alguna medalla más. Como no me entendían solía irme a duchar con el cabreo. En la valla metálica del jardín del hospital en la parte de la Basílica, estaba el amigo Salieti, un chico maravilloso que había sido el organista de la Abadía de Montserrat, ahora en Lourdes estaba quemando sus últimos cartuchos, todos sabíamos que sufría mucho, aunque él como un alma bendita, ofrecía su dolor en bien de los demás, lo ofreció para un problema de una amiga, y este se solucionó. Al verme preguntó: ¿Qué te pasa Joan? Te veo preocupado. Estoy muy “empreñado con los medalleros franceses” sabes les daría un bofetón que iban a tener que recoger las medallas por toda la plaza. Mira Joan que dice el evangelio sobre la cuestión de los franceses. No lo sé amigo contesté, esto es nuevo para mí. Pues tienes que dar “a los franceses, lo que es de los franceses y a Dios lo que es de Dios”. No puedo evitarlo, cuando me da la sensación que no tratan bien a mis enfermos se me sube el cabreo. Sabes los que venimos de enfermos, agradecemos mucho vuestro gran interés para con nosotros, pero lo que nos importa de verdad es estar aquí a los pies de la Virgen María, y si encima los voluntarios nos queréis, mejor que mejor. Lo que hacen estos pequeños personajes, no son más que pequeñeces sin importancia, por lo tanto Joan no se la des, que no la tienen.
( Con el Salieti el día que me consoló).
En aquel momento pensé que era un burro grande, no sé lo que sienten los burros grandes, pero en aquel momento me dije que debía de ser lo más parecido a un servidor. Aquel chico estaba allí consolándome, yo sabía muy bien su situación y su dolor, pero él consiguió que me sintiera querido y lo más importante a los pies de la Virgen María que es fácil de decir.
Bueno Señora, tengo que despedirme de Ti en esta carta, lo quiero hacer con una poesía en la que quisiéramos andar de la mano de Tu hijo, como lo consiguió el amigo Jané al que se lo dedico, junto con su hija Marta que va en el camino de Tú niño de ojos azules y las greñas rubias.
DE LA MANO DEL NIÑO JESÚS.
Al lado del niño Jesús muy feliz caminaría,
por las calles de un pueblo arenoso y soleado,
El afectuosamente de su mano me cogería,
en tierra de olivares y trigo recién labrado.
Nos sentaríamos a la sombra del árbol viejecito,
y entre las hojas caídas en la arena El dibujaría,
un pajarillo que sería más bien pequeñito,
y al mismo momento en su mano lo pondría.
Es un niño feliz que con su pronta risa,
le daría su aliento, y como quien tira al vuelo,
empujando le abriría las manos muy aprisa,
en su vuelo de la vida hacia el cielo.
Sobre unas tejas que son de fácil trocear,
esta un gallo estropeado que le gusta alborotar,
chilla y chilla sus alas no para de ventear,
que es alguien esto le gustaría demostrar.
Llevamos nuestra cabra barbuda y llagada,
se come las hojas y también alguna flor,
del tiesto de la vecina que sale muy enfadada,
con un bastón, y en un tono muy amenazador.
Retomamos la marcha hacia las afueras,
saliendo del pueblo, por los arenosos portales,
a un torrente donde pueda comer las moras,
y las hojas que encuentre en los viejos zarzales.
En la frente del niño hay polvo y gotas de sudor
en los labios una ancha sonrisa como su estimar,
esto me hace sentir bien a pesar de tanta calor,
con él a mi lado, quisiera siempre caminar.
Su madre le seca la frente que está aun sudada,
lo hace sonriendo y también con mucho amor,
su padre le trae un juguete de madera cortada,
y le manda un beso con los labios en flor.
El famélico perro se acerca a su lado y se echa,
Ella le trae agua y también un poco de comida,
mientras bebe, El lo agarra y en si lo estrecha,
menea la cola y tiene la mirada agradecida.
La música de flauta, con el viento es arrastrada,
un bonito sonido que nos ayuda a estimar,
en medio del ruido de la multitud contrastada,
se te recrean las palabras que te hacen recordar.
Que no necesito, ni traje, ni sombrero con orla,
tampoco necesito ver, ni llevar un bastón,
ya que con los ojos de mi alma sola,
con estos podre ver el Señor con ilusión.
Al lado del niño Jesús muy feliz caminaría,
por las calles de un pueblo arenoso y soleado,
El afectuosamente de su mano me cogería,
en tierra de olivares y trigo recién labrado.