CARTAS DE UN CONVERSO A UNA NO CREYENTE.

         

                                                            Juan Bases.

 Indice

Dedicación                                        

Presentación

CARTA I

CARTA II

CARTA III

CARTA IV

CARTA V

CARTA VI

CARTA VII

CARTA VIII

CARTA IX

CARTA X

CARTA XI

CARTA XII

 

 

 

 

 

 

 

 

Dedicación:                                                                Indice

 

El me descubrió el valor a mi existencia.

Hace muchísimos años,  caí en la cuenta que estaba olvidando una gran parte de las vivencias y mensajes que tuve, entonces decidí anotarlos y  además intentar recuperar los que todavía estuvieran presentes en mi memoria. Estas evocaciones  decidí transformarlas en cartas para de prima Isabel María, que además de una buena armonía afectiva, disfrutaba también de la intelectual, lo cual ocasionaba que nos encontráramos en algún bar de Badalona para tomar un bocadillo mientras discutíamos. Las cartas no llegué a enseñárselas, pues me daba vergüenza, por tanto no era su verdadera contestación, aunque su forma de pensar del mundo era tan parecida a la mía que no me fue difícil crearlas. Ahora de mayor podremos discutirlas. La vergüenza me hizo renquear toda mi vida.

 

 

Presentación:                                              Indice               

Al descubrirlas decidí de hacerlas legibles, y como dice mi hermana Inés: “Debes conseguir que los lectores sepan lo que pretendes explicarles”. Como al principio estaban mescladas intente clasificarlas, distribuyéndolas por materias, procurando  mantener la esencia del pensamiento de la época en que se registró. En un acto de fidelidad al pensamiento en el tiempo de mi  conversión, dado que éste ha evolucionado desde entonces, intentando incluso acercarme al pensar de aquel momento, cosa no fácil en la actualidad.

Como remate final, cada una de las carta, lleva un anexo que dirigido a mí amigo Domingo, y a su esposa Antonia, de los que disfruto de su compañía hace ya bastantes años, caminando juntos el camino de la espiritualidad hacia el Señor, que aunque éste no sea el de Santiago, procuramos que tenga algún parecido. Me adoptaron como hijo  espiritual, y como todos los niños al empezar a caminar, hice un montón de disparates, pero Nuestra Señora les dio muchísima paciencia entre otras virtudes, lo cual es de agradecer. Estos anexos servirán de ayuda a los lectores, al intentar especificar los hechos que pretendo relatar.

Cuando mi Señor me llamó, yo era una persona del mundo material, pensaba y racionaba con los criterios de éste. Era así en el momento en que me planté en medio de la iglesia, en un tiempo en que precisamente la mayor parte de sus feligreses, huían de ella, siguiendo la letra de la canción que nos cuenta que “los tiempos están cambiando”, y así también las modas, la última era deshacerse de todas las creencias, y así entrar de lleno en la sociedad de consumo para poseer muchas cosas que solo son tuyas y no las debes compartir. Como un canto a la glorificación de nuestro egocentrismo.

Me paseaba por la Iglesia casi vacía, donde los viejos feligreses me miraban de reojo y sin mediarme una palabra, mis vecinos del mundo hacían apuestas, sobre mi duración en la parroquia, dado que me veían como un intelectualito de tres al cuarto, cosa que les hacia deducir, que no tardaría en cansarme y buscar otra distracción. En realidad daba la sensación que buscaba la llave para salir por la puerta trasera.

Cada día después de la misa, me acercaba al camerino de la Virgen, que como en Montserrat tiene sus escaleritas por ambos lados, les explicaba las cosas rápidamente y después de despedirme con un beso en su mano, marchaba a trabajar. No fue hasta mucho después que descubrí lo importante de esta comunicación y la gran ayuda que recibí en mi espiritualidad y en la supervivencia de ella. Tendría de haber escrito un diario.

Al principio no paraba de exponerle mis razonamientos y mis dudas de poca fe. Aunque tenía cierta lógica, primero por mis desconocimientos, dada mi gran ignorancia y segundo por ser una situación nueva, ya que en todo era un novato, sintiéndome muy vulnerable, aunque Ella me demostró su amistad en su constancia y su fidelidad, y no permitiendo que mis vecinos ganaran sus apuestas y que un servidor tardó más de veinte años en enterarse, de las mismas.

 

                                                           

Me acuerdo muy bien que le comentaba: -Mira Señora no sé lo que realmente esperas de mi persona, aunque sabes que no tengo ni idea de las cosas Tuyas y de Tu hijo, por tanto en cuanto me pregunten qué hago aquí, pienso que me sentiré perdido y sabes encima tengo vergüenza, pues toda mi vida miré de reojo a los que frecuentaban Tu casa, y ahora encima vengo diariamente, no obstante  mis errores no los olvidaré nunca.

Lo más seguro que pensarías, “Vaya tartana que  me ha tocado, anda que mi hijo me manda cada regalo” Pues de verdad que era muy pesado, pero Tus cosas son como son y Tus silencios los adecuas a cada situación.

Así que una tarde el Antonio se presentó al taller y me dijo de forma bastante brusca:

Tú ¡burro! ¡Más que burro! ¿Se puede saber qué tontería te ha dado, para que vayas cada día a misa? ¿Y para esto  leíste tanto? ¡Burro!

-Es solamente una cuestión de fe, Antonio.

No sé por qué razón conteste así, en aquel momento lo hice de forma autómata, luego pensé que seguramente hubieras  querido que fuese de esta forma.

-¿De fe? ¡No sé qué quieres decir! Esto de la fe yo no sé que es.

Pues mira tú que tienes familia en el Empordà y por tanto sabes muy bien lo que es el viento, quisiera preguntarte: ¿Cómo le explicarías a una persona que viniese del país de la quietud donde no existiese ni siquiera una brizna de aire, lo que es? Le explicarías que es una cosa que puedes sentir en tu cuerpo y hasta palparlo, aun cuando no puedas agarrarlo, ni tampoco ver, que puede ser frio, e incluso helado o ser caliente, también ser seco o húmedo, suave o volverse tan fuerte que arranca  árboles y en ocasiones   tumba hasta un vagón de tren.

-¿Sí Antonio, como se lo plantearías?

-Pues no lo sé.

-¿Y qué crees que pensaría de ti, al explicárselo?

- ¡Qué soy un mentecato!

- Mira la fe es una situación parecida al viento.

Hizo media vuelta dejándome plantado en la puerta del taller y se fue sin despedirse, mientras le veía marchar dije, así es Antonio y a ti muchacho te acaban de mandar un cable. Me dije esto no porque no fuera capaz de desarrollar una conversación con cierto tino,  sino porque estas palabras, todavía no formaban parte de mí. Por tanto estaba claro que debía de aprender  a confiar más con Ella. Al día siguiente en mi visita solo le dije “gracias”.

Había otro rezongamiento con el que me puse también pesadito, producto del sentimiento de inutilidad que me daba el estar en la comunidad y no ser útil en nada, claro que un servidor era nuevo, pero deducía que por inútil que uno sea, siempre sirve para algo, entonces le comentaba: ¿Señora, no sé de qué me sirve venir cada día a esta santa casa? Pues la verdad aquí no hago absolutamente nada de nada y después de este tiempo, nadie se dirige a mí, al menos para preguntarme:”Hombre chico, que sorpresa y que te lleva por aquí pues”. Sabes Señora, parezco un perrito que entró por la puerta de la cocina y no para de menear su rabo, esperando que un alma en pena le tire algún huesecito.

Aquí la contestación, me la diste en Lourdes, había llevado a piscinas a Montse, como muy bien explico en la carta octava del libro “Cartas a Santa María”. Entonces el padre Italiano me pidió que le ayudara en dos de las cinco decenas del rosario. Al empezar el Padre nuestro ella me comunico que saldría a rezar y lo haría a diario. No sólo leía, también hacia de monaguillo, y fue en este servició donde recibí  muchísimos mensajes.

 

 

 

 

 

 

 

 

CARTA PRIMERA.                                                                              Indice

 

 

Querida Isabel María:

                                  Estoy contento que me hayas escrito, me cuentas que mi cambio es sorprendente y de difícil entender. Dado que una persona, a la cual tu creías que disponía de un buen nivel de raciocinio, haga un giro en su vida tan importante y tan brusco, que además a ti te parece muy poco racional. Transformándose una manera de vivir, que no tiene ningún parecido con la anterior, aunque tú veas el mismo ser humano.

Tu sabes muy bien que mi forma de pensar era tan matemática y racional, como podía ser la tuya, y para pensamiento no tengo una respuesta adecuada, con la cual se que me entenderías porque te sería compresible. Mi repuesta es el sentir, y éste  se me introdujo en mi vida y por tanto lo que hice fue aceptarlo. En un principio rechazándolo, pero descubres que las cosas no son como uno creía que eran, y al vivirlas de forma diferente, te das cuenta que existen formas desiguales que debes aceptar. No pienses que pude prever nada de lo que me paso, ni tampoco hubiera podido evitarlo. Que te sea extraño me parece normal, no debes olvidar que un servidor vengo del mundo material como tú, y que además pensaba de forma muy parecida.

Te explicare que a los dieciocho años, llevando ya tres años de lectura muy activa, empecé hacerme preguntas: ¿Quién soy? ¿Qué espero de esta vida? ¿Soy realmente creyente por el acto de la Primera Comunión? ¿Y qué influencias podía tener este acto en mi vida actual y futura? Aunque no hubiera pisado una iglesia jamás después de hacer la comunión. Me gustaría justificar a mis padres, ya que de no haber cumplido estos hechos obligatorios en su tiempo, habrían cerrado las puertas a sus hijos y a ellos mismos.

Mira Isabel María, en un intento por descubrir lo que realmente sentía, me acerque tres veces  a la parroquia a escuchar la misa y reconociendo que no había cambiado en nada mis sentimientos. Entonces y en un acto de pedantería, me dirigí hacia el altar mayor y en un tono bastante provocador le dije: Sí es cierto que eres un Dios y estas en todas partes, y te interesa mi persona, te será fácil localizarme. Hay momentos en la vida en que uno no necesita abuela.

Pasaron quince años y a un servidor le parecía que estaba bien consigo mismo en medio del mundo material, un buen día empecé a recibir Sus mensajes, sabes mi vanidad me hizo exclamar” No sé si encontré la piedra filosofal, o me salió una flor en el culo” “vanidad de vanidades”, pues en aquel momento me encontraba en el infierno, dado que adelantarte a los hechos es un verdadero suplicio infernal.

El domingo por la tarde, sentí la necesidad de colocarme el abrigo, y al salir a la calle me encontré con Salvador, que me dijo que iba a misa y le respondí que un servidor también, al sentarme frente al altar le chillé en mis sentimientos:”Déjame en paz que ya creeré”

Me puse a caminar con la intención de hacerlo siempre con El, porque este era mi compromiso y tengo la intención de seguir de seguir adelante con Su misericordia,  a pesar de que en un principio, tenía la sensación de caminar a ciegas, Él me mandó un gran apoyo, con Su Madre, para que me hablara con sus silencios. “esto es una expresión mariana”

Esperando tu respuesta para explicarte más cosas se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                        Juan.

      

 

                 Anexo.

           Todos estos hechos, Domingo, me pasaron hace muchos años y aunque ya había empezado a tomar notas, me preocupaba confundir el orden de los mismos. De todas maneras intento ser fiel al pensamiento de aquel momento. La verdad es que al recordarlo, me impresiono muchísimo y todavía me sorprende. No entendí, ni puedo hacerlo ahora como el Señor se fijó en un en un ser tan insignificante, pues a decir verdad he conocido a muchas personas de más calidad que un servidor. Sabes mi hermano Agustín, siempre me contaba que había dos clases de tontos, los normales y los presumidos, yo era de los segundos y creo que después de mi tercera visita a la iglesia, no sólo no estaba preparado, sino que mi vanidad era un verdadero caballo, y que el Señor necesitaría tiempo para tumbarme de su montura. Él lo consiguió con la ayuda de su misericordia, que conmigo fue inmensa.

 

Quisiera cerrar el tema con una poesía a la Virgen María.

 

Tú puedes de la tierra hacerme despegar,

atado a un hilo como si fuera una cometa,

y hasta el mismo cielo hacerme volar,

para que con mis manos toque la puerta.

 

Y es que después de dos mil años todavía,

me puedo ilusionar contigo mi Amada,

como antes Tú me darás en este día,

un beso al alba con la humedad de la rosada.

 

Y es que de vivir se puede llegar a sobrevivir,

pero el amor es lo que realmente me hace vibrar,

por eso en este momento Te quiero escribir,

que es una suerte que de Ti, me dejes enamorar.

 

Me da muchísima lástima el no saber cantar,

como los gorriones en  tiempo de  primavera,

en donde con sus cantos suelen expresar,

que aman a sus parejas con fuerte quimera.

 

 

 

 

CARTA SEGUNDA.                                                       Indice

Querida Isabel María:

                  He recibido la tuya con ilusión, me comentas que cuanto más “me lees”, más difícil te resulta entenderme, te digo que después de esta me dirás que tengo goteras en el terrado de mi edificio.

En mi nuevo caminar, me acostumbre a decir que sí, en las demandas de mis hermanos en Jesucristo, esperando que si soy capaz de evolucionar de forma positiva, este sí sobrepase las barreras actuales a una situación más amplia. Bien te explico que me han pedido formar parte de un grupo de rosarios. Aunque jamás lo hayas oído no es nada peligroso, ni tampoco nada violento. Al revés, se necesitan quince personas para rezar un rosario completo, comprometiéndose cada uno, a rezar un Padre nuestro, diez Ave Marías y un gloria a diario. La suma total es un rosario completo, una forma sencilla de compartir y aunque lo parezca no es una manera de hacer trampas, sencillamente es rezar compartiendo.

Lo más simpático de esta historia, es que no tiene la más mínima importancia para las cosas políticas de las personas del mundo material y lo más agradable que además piensan que estamos malgastando el tiempo, dado que nos gritan:”Esto no os sirve para nada”. Seguro que  con historias tan difíciles como éstas pensarás que tu primo está aún  peor”.

Los simpatizantes de la Virgen María, solemos decir que sus silencios hablan por sí mismos. Me gustaría saber explicarme para que me entendieras. La idea es la de actuar en el escenario del teatro de la vida, en un papel secundario,  siendo feliz con tu trabajo, por tanto, ya no es necesario el luchar para conseguir papeles más importantes, porque no necesitas llamar la atención a los demás, sabes que el Señor te ama sencillamente como eres. También aquí nos queda el consuelo, de que en el mundo del márquetin, una vida sin una competencia feroz,  tampoco es comprensible.

Me gustaría que meditásemos por un momento en la Judea del primer siglo y cómo vivían aquella pobre gente, seguramente con paredes de ladrillos de adobe, realizados con fango húmedo y paja mezclada, que secaban al sol, sus techos tal vez de cañas, quizás ramas y hojas, los suelos eran de arena, y los mas aposentados poseían alguna alfombra de lana o cáñamo. Sí, no había agua en las casas, había que buscarla en alguna fuente o tal vez en un arroyo, donde era necesario un tiempo importante para su obtención. Después de utilizarse para el aseo y la casa, se aprovechaba para los animales caseros o para regar los suelos al barrer con la escoba de matojo. Al anochecer, los más afortunados algún candil de aceite, o sencillamente el reflejo del fuego en el suelo de la cocina. Es posible que algunas personas que hoy en día viven en pisos, con todas las comodidades lo encuentren bonito y hasta tal vez idílico. Deberíamos preguntarnos cuánto tiempo resistiríamos, y también cuantas personas tienen todavía que vivir de esta forma o peor en nuestro mundo, mientras se está malversando.

Sabes Isabel María, este mundo que disfrutamos y del que tenemos una gran sensación de seguridad es mucho más vulnerable de lo que realmente creemos. Se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

 

                                 Juan.

Anexo.

          Domingo de las tres misas del fin de semana, hasta mi conversión pasaron unos quince años, me pareció un tiempo larguísimo, hasta que Nuestra amiga me hizo comprender que en el otro lado no existe el tiempo. Sabes, al principio me daba vergüenza, por tanto no daba explicaciones a los feligreses que habían sobrevivido a la gran evasión, sencillamente me planté en medio de la iglesia diciendo:”Aquí estoy porque llegue” Los cristianos de siempre bastante tenían con sus sentimientos de abandono por parte de sus compañeros de fatigas, dejándoles sin ninguna explicación, pues ellos sólo habían seguido su vida normal y sin cambiar prácticamente en nada. Yo tampoco entendía nada de nada, por suerte pronto llego mí sí a la Pepita, y con éste las peregrinaciones de enfermos a Lourdes.

 

 

Me gustaría despedir esta carta con una poesía.

 

Ahora digo, sin ti no soy nada,

y me repito, sin ti no soy nada.

 

Y hasta las flores me sonríen,

en mi pasar desarreglado,

pues con su perfume me dicen,

siempre te hemos estimado.

 

Ahora digo, sin ti no soy nada,

y me repito, sin ti no soy nada.

 

Las viejas calles no han cambiado,

y yo las veo ahora diferentes,

me pregunto pues qué ha pasado,

variaron en el reír todas las gentes.

 

Ahora digo, sin ti no soy nada,

y me repito, sin ti no soy nada.

 

El azul del cielo está más claro,

reluce el sol que nos maravilla,

con el verano que nos ha llegado,

y el calor al cuerpo nos “trilla”.

 

Ahora digo, sin ti no soy nada,

y me repito, sin ti no soy nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARTA TERCERA.                                                             Indice

 

Querida Isabel María:

                                    He recibido la tuya con ilusión, en la que me cuentas que desde tu raciocinio te cuesta de entenderme y es a partir de esta lógica la que  te hace pensar, que lleve mi entendimiento a la casa de empeños.

La verdad, no sé qué decirte realmente, pues me siento bien conmigo mismo, aunque me doy cuenta que muchas cosas han cambiado, alguna de las cuales jamás habría realizado en mi caminar anterior en el mundo material, pues me habrían parecido fuera de lógica. Pero es muy normal, pensar que si no fuera creyente, no me pondría a rezar una parte del rosario.

El caminar por este nuevo sendero, se me hace un poco difícil  mantener el equilibrio entre la ideología del mundo y las enseñanzas del evangelio, dado que cambian algunas prioridades en mis sentimientos. No eres la única persona que se te hace costoso  interpretar mis actos, pero debo agradecerte que al menos tú me das la oportunidad de poder explicarme, los resortes que dieron a mi vida un vuelco. En cambio mi primo Ramón que ya conoces de nombrártelo, y   confesándote que me tiene en mucha estima, y la prueba fue el enfado que se tomo conmigo. Pues con un tono amenazador me dijo que era un loco, pero no uno cualquiera sino un loco con síndrome de asno, ya que si al menos me hiciera budista, podía hasta ser gracioso. ¡Pero ir a la iglesia Católica, hombre, si todo el mundo está marchando! Además no sólo no está de moda, sino que encima dispone de una imagen desagradable.” Lo tuyo Juan es hasta patético.

Para mí, lo más grave fue que no me dio ni la más mínima oportunidad de explicar el porqué de mi cambio. No creo que una persona a los treinta y tres años, teniendo además los conceptos de vida ya formados y muy claros, pueda hacer un giro tan espectacular sin una clara razón. En la sociedad que compartimos, se nos hace creer que por el solo hecho de llevar pantalones o chaquetas de ciertas marcas, no sólo nos da elegancia, sino también personalidad. Por tanto el disponer de un número mayor de etiquetas, nos reportarà más cantidad de felicidad. Pero el márquetin se ha olvidado de una cosa muy importante, y es que los sentimientos no se pueden manipular, aunque él lo intenta llenando nuestro entorno de quincalla.

La multitud se ha creado un espejismo, al pensar que como son muchos que actúan o piensan de forma parecida, y por esta sencilla razón ya son poseedores de la verdad. Quisiera decirte que con mis compañeros de mi nueva realidad me siento bien, son gente sencilla que comparte lo que tiene, primero su humildad y segundo su estimación, lo bonito es hacerlo sin marcas ni etiquetas, desgraciadamente en mi segunda parte todavía me falta mucho camino por rtecorrer, aunque me esfuerzo en ello.

Se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                                Juan.

 

Anexo.

          Al llegar a la comunidad de San Pedro, como muy bien me recordó mi primo Ramón, la iglesia ya no estaba de moda, Domingo, de todas formas pienso que una entidad, no se puede definir con cuatro etiquetas o una denominación de origen que ahora está tan de moda. Gracias a Dios el amor no lo han podido comerciar nunca, y no será que una sociedad tan agresiva como la nuestra no lo haya intentado.

 

Quisiera cerrar la carta con una poesía.

 

Me pusiste una flor con el viento,

en el jardín de mi estimación,

y con el llorar de tu sentimiento,

la regaste a diario como una oración.

 

De alguna manera tendré que amarte,

sí tú lo hiciste mucho antes,

por eso hoy quisiera regalarte,

un amor como el que Tu me amaste.

 

Eras a mi lado en el tiempo anterior,

y al caer me ayudabas levantándome,

me consolabas en el sentir de mi interior,

y  volverme al camino empujándome.

 

 De alguna manera tendré que amarte,

sí tú lo hiciste mucho antes,

por eso hoy quisiera regalarte,

un amor como el que Tu me amaste.

 

En las grises paredes colores me has pintado,

de ellos una mariposa salió volando,

al pasar delante del sol se ha transformado,

en un beso que me dice te estoy amando.

 

De alguna manera tendré que amarte,

sí tú lo hiciste mucho antes,

por eso hoy quisiera regalarte,

un amor como el que Tu me amaste.

 

 

 

 

 

CARTA CUARTA.                                        Indice     

 

Querida Isabel María:

                                 Recibí la tuya con alegría, me comentas en ella, que te cuento un rompecabezas, aunque me gustaría dejar muy claro que no pretendo comerte el coco, ni a ti ni a nadie; además estoy seguro que si lo deseara no podría conseguirlo.

 Me cuentas también que las personas religiosas, a tu parecer, nos pasamos la vida buscando una razón que nos autojustifique la existencia como a todas las demás en este mercado que es el mundo material. Me añades que somos afortunados dado que disponemos de una cadena de tiendas que encima nos llaman a toque de campana como antiguamente en los pueblecitos del interior, a la llegada del pescado o cualquier otro producto de primera necesidad. Añadiendo que a partir de esto, damos la sensación de no querer afrontar la realidad del caminar diario de vuestro mundo.

Te diré que me recuerda a la falacia de mi pensamiento antes de la conversión, muy influenciada por las modas del entorno. Es imposible que todas las personas religiosas del mundo piensen de una forma similar, ya que si dentro de un mismo estado puedes encontrar formas de pensar variadas con sus propias presiones a nivel mundial es un verdadero mosaico.

Pero como te dije anteriormente dentro de mi lógica racional, no tengo una explicación matemática, sólo te puedo hablar de un sentir en mi conciencia que me influye en la forma de vivir y de comportarme a través de la capacidad de amar.

Nadie por muy bueno que sea, se pone a correr un maratón sin entrenarse primero, tampoco estudia una carrera por fácil que esta sea, si no ha leído o estudiado jamás,  necesitamos una preparación para el buen uso de las cosas. Aquí mi amigo llamado Jesucristo, es el mejor entrenador posible en el arte de amar, ya que cada día desarrollamos ejercicios de ampliación de afecto y de  estimación, lo más importante es  su constancia en ampliarnos nuestra capacidad. Esta persistencia en el desarrollo de nuestros sentimientos, a través de las demás personas para encontrar la imagen borrosa de Él, como la meta definitiva. Me gustaría añadirte que no es fácil con todos, pues las personas que buscan fastidiarte en los resultados terminas descubriendo que a estos, aún me falta mucho para llegar a esta estimación que Él me pide. También que al fallar como personas, le restamos credibilidad a la institución.

El testimonio de todo mi esfuerzo, es la imagen que puedo ofrecerte como explicación de mi conversión, y si realmente soy capaz de realizar algunos frutos que justifiquen a mi amigo Jesús, casi podría afirmar que no sólo nos entenderás un poco, sino que además nos aceptaras de buen grado.

Esperando de nuevo tu contestación, se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                                Juan.

 

Anexo.

         Estimado Domingo, te quiero contar que el principio de mi conversión, a pesar de la constancia de Su presencia de una forma tan clara, me fue bastante difícil, ya que mi mentalidad estaba atada al mundo material. Me sentía muy presionado y no sólo por la gente de la calle. Me sentía  vulnerable y además de vergüenza pues estaba realizando muchos actos que me eran inexplicables. Dado que al principio de mi conversión la viví en soledad, ya que la mayoría que estaba a mí alrededor no tenía ninguna intención de ser religiosa, el único que me escuchaba era José que en aquella época trabajaba en el taller. Desgraciadamente ni a ti ni a la Antonia no os conocía de una forma tan íntima.

 

             Quisiera cerrar esta carta con una poesía.

 

Con el pequeño Jesús hemos jugado,

con trapos viejos hicimos una pelota,

y en la arena de la calle hemos creado,

castillos y casas, con muy buena nota.

 

Y la Virgen María, nos ha llevado,

un poco de agua para Su niño,

y a los amigos que hemos estado,

sí, para todos con mucho mimo.

 

Estoy de suerte con estas compañías,

porque Ellas marcarán mi porvenir,

de lo que en mis venideros días,

voy a realizar y también compartir.

 

 

 

 

CARTA QUINTA.                                                 Indice

 

Querida Isabel María:

                                      Recibí tu carta con la alegría de siempre, me comentas que como tú no sientes en tu interior, todas estas cosas que te explico, se te hace difícil el poder comprenderlo tan sólo con la imaginación, por lo tanto te suena a inverosímil.

    Ya sé que son difíciles de asimilar muchas de estas explicaciones, y por ello te pido perdón porque no supe plastificarte mejor mis narraciones, para aclararte mejor mi explicación.

Hoy quisiera hablarte de un personaje muy famoso dentro del cristianismo se llama “Saulo de Tarso” Al que el Señor convirtió haciéndole caer del caballo de camino a Damasco en persecución de los cristianos. Él escribió una serie epístolas entre la cuales, la primera de Corintio (15,19.) nos dice: “Sí nuestra esperanza en Cristo no va más allá de los limites de esta vida, somos los más miserables de todos los hombres”. En principio te diré que mi más allá sí, está relacionado con este Jesucristo vivo, ya que creo que todas estas comunicaciones tienen que ver en Él, aunque no me especificara su nombre como hizo a Saulo.

Tú sabes que estuve durante un tiempo en el vacio de la noche, como bien se entiende “a la depresión”, que es una situación horrorosa, es el estar en la línea del  pequeño círculo de la incertidumbre y del que no paras de dar vueltas y vueltas, es el estar en la cárcel de la angustia y encima ves como las ilusiones se van por la puerta de la vida, dejándote en tú interior un sentimiento de frustración. Este, sólo genera rencor hacia una supuesta felicidad de los demás, generando una nefasta personalidad con el eslogan.”Si no puedo evolucionar positivamente creando, al menos me justifico destruyendo”

De repente me encuentro a un personaje que me saca de este agujero, entregándome una brújula para que camine hacia Su norte. Hasta aquel momento estuve rodeado de todos los medios de transporte y vías de comunicación, que solo me llevaban al país de la nada. Ahora disponía de una meta con un camino, que no va a ser fácil, pero también me han regalado la suficiente cantidad de ilusión y de esperanza para realizarlo.

  Cada mañana retomo este camino, en medio de unos colores que se hicieron bonitos y que me ayudan a respirar ancho dentro de un mundo estrecho, que además sigue su trayectoria material, arrastrando a los más pobres y endebles junto con los enfermos. Y es que en este mundo, no todos tenemos las mismas posibilidades. Y es aquí donde Mi amigo me enseñara que su libertad, está en transformar mi estimación a las carencias de los necesitados.

No se si me supe explicar, Isabel María, pero quisiera hacerte una pregunta. ¿Vale la pena el estar en un mundo materialista y de soledad humana sin una esperanza como ésta? Me gustaría agregar que sin el amor de este Cristo del cual puedo disfrutar, no se a cual casilla del tablero me vería obligado a regresar, por tanto y volviendo al principio de esta carta me gustaría decirle al señor Saulo de Tarso:”Aunque me equivocara en Jesucristo, Él ha conseguido que mi vida valiera la pena en este mundo”

Se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                                   Juan.

Anexo.

          Sabes Domingo, al principio de mi conversión, fue más que una ilusión, llegó a ser una exageración. A mí me llamó la atención, que en nuestra institución, se diera tanta importancia a la forma del comportamiento en nuestra institución, y se olvidase de la gente que camina a tientas. El tiempo te enseña que las cosas no siempre son como parecen, que nos equivocamos en demasía y nos obsesionamos en poseer la verdad, y de ésta, deberíamos saber, que el que está más cerca es el que ama más profundamente. La vanidad es muy fuerte, pero por suerte Su misericordia también. Y es que el Señor nos esculpe el monolito de nuestra personalidad con el martillo y el cincel, siendo algunas veces sus golpes bien dolorosos.

 

 

 

 

CARTA SEXTA.                                        Indice   

 Querida Isabel María:

He recibido tu carta con alegría, primero por contestarme y segundo por no haberme todavía mandado a freír espárragos. Y es que por un momento me pongo en tu piel, pensando que me están explicando sucesos que yo no comprendo y termino por pensar, este buen hombre tiene dos goteras en su terrado, pues el albañil que vino a repararlas no era bueno. Espero que después de ésta, no creas que esté aumentando el negocio y que ya disponga de seis goteras. Pues si Isabel María, de comprender puedo hacerlo muy bien, no hay que olvidar que estuve treinta y tres años al otro lado y éste es todo un equipaje.

Me comentas en la tuya, que me expreso como si mi vida ahora fuera un camino. Es cierto en mi nueva experiencia, éste ha sido uno de los primeros pasos, el transformar el día a día en un peregrinaje hacia Jesucristo. Que con un cachito a diario nos vamos acercando a Él, en compañía de nuestra plegaria del corazón; así formamos nuevos paisajes en el alma, a los que añadimos música con la oración de los sentimientos. Para hacerlo fácil te diré que es un camino exterior, pero se realiza en el interior; como el camino de Santiago, que con todas las diferentes instituciones religiosas y estatales    así como la diversidad de paisajes que vas visitando, en los que vas cambiando parte del hombre viejo, para que resurja un espíritu nuevo. Y con éste  descubrimos que cuantas menos cosas del mundo poseamos, más ligero será el camino. Pues lo importante no son las cosas que poseamos, sino lo que encontraremos al final del trayecto. De todas formas debo comunicarte, que no estamos libres de los caprichos de la quincalla del mundo material, aunque muchas veces termine en un rincón, para enseñar a los amigos que nos visitan.

Me gustaría plastificarte esta idea en un intento de hacerme comprender mejor. Si fuéramos a la estación de tren, con la intención de comprar un billete para el viaje de toda nuestra vida, al no esperar a nadie en el final del trayecto, es muy lógico el pedir asiento de primera y  a poder ser, mejor al lado de la ventanilla, las imágenes nos distraen el tiempo. De tocarte un asiento de tercera y con malas vistas, sería muy comprensivo que te quejaras y lo realizaras con desgana.

Sabes Isabel María, pienso que muchos de los incordios y disgustos en que topamos en nuestro caminar, es posible que sean el producto de viajes descontentos. ¿Qué razón tendríamos si en la estación terminal, no esperamos encontrar a nadie? En mi nueva historia, tengo claro que si el viaje no es bueno, me queda la ilusión que al llegar a dicha estación me estará esperando toda mi familia espiritual, con grandes pancartas en donde me comunicaran:”Te queremos Juan” Habrá confetis y peladillas, además de globos de colores y una esplendida copa de perfume de oración. Entonces comenzaré la gran fiesta de la eternidad, que será fantástica.

Esperando de nuevo tu contestación se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                               Juan.

   Anexo.

          Sabes Domingo, al recordar todos estos regalos, no puedo dejar de sorprenderme, dado que no hace tanto que llegue a la iglesia y aún menos, a mis viajes con la hospitalidad a Lourdes. En poco tiempo mi historia dio un vuelco espectacular y lo más maravilloso es que Él no ha parado de sorprenderme a lo largo de todo éste tiempo.

 

 

 

 

CARTA SEPTIMA.                                               Indice

Querida Isabel María:

                                Me alegro de recibir la tuya, en la que me comentas que piensas que estoy contento en demasía, casi eufórico por lo que tú crees, que esto contrasta con el mundo en que vivimos.

La verdad sí, me siento alegre, pero esta alegría es mi condición de cristiano converso, dado que pienso: “que un cristiano triste, es un  triste cristiano”. Pero eufórico, te diría que no, ya que actualmente en nuestra comunidad vivimos un poco estresados, debido a nuestro hermano Abelardo, que es una persona que no hace mucho ruido, aunque sabe ganarse la estimación de todos, y al que, los cirujanos le han hecho un destrozón físico en un intento de frenar el cáncer. Pienso que todos creíamos que ya era una causa perdida, pero había que crearle esperanzas hasta el último momento. ¿Y después, qué nos queda? La sedación con drogas y los pocos ratos, en que le permitan estar consciente, entonces el sufrimiento sicológico y moral, porque la falsa esperanza que le dieron en la operación, al no mejorar se termina al cabo de unos días. Esta es, una situación de la que nuestro mundo occidental ha huido a lo largo de toda su historia, pues no ha tenido el valor de afrontarla cara a cara, aunque ella ya esté llamando a la puerta. Y lo bueno es que, cuando nacemos, ya estamos de camino hacia ella, pero nos han educado sólo en la cultura del miedo.

Sabes Isabel María, todo este dolor me da tristeza y ganas de llorar, por culpa de mi impotencia, y ésta no es nada más que el producto de mi egoísmo, como  mera reacción al descubrir que no puedo aportar nada a esta situación. Solamente me queda la oración como única respuesta a todas mis imperfecciones, y es que a pesar de la compañía del Señor siempre patente no he podido separar mis raíces del mundo, que suelen reaparecer en los momentos acuciantes de nuestra vida, y éstos nos recuerdan que todavía nos falta mucho camino para llegar a nuestro señor Jesús. Nos obstinamos, en que las cosas deben salir a nuestro gusto y no como Él desea.

Al final me ha quedado solamente la compañía de la plegaria, y estoy orando para que él pueda despegar tranquilo, con una sonrisa en los labios, y para que mi estimación no termine en la punta de los dedos de mi egoísmo de posesión.

Esperando la tuya, se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                                                         Juan.

Anexo.

        Sabes Domingo, cada vez que alguna persona que quiero se va de este mundo, me traicionan mis sentimientos, a pesar que me digo y me repito, que nuestro camino en este mundo es ir al encuentro de nuestro Señor, pero a su vez el egoísmo nos lleva hacia la cultura del mundo material. A pesar de que la época parecía cristiana, cuando se rasca el barniz de la capa superior, debajo aparecen todas nuestras  supersticiones y todas nuestras neurastenias, producto de una educación materialista que nos coloca bien lejos de lo que es el evangelio de Jesús.

          Quisiera cerrar esta carta con una poesía.

 

Sigo pensando que me hubiera gustado,

alguna cosa más,  poderles entregar,

 ellos se fueron y nos han abandonado,

ni tan sólo un beso nos dieron al despegar.

 

Adiós hermanos, adiós  si nos dejáis,

al dejar este mundo y toda su gente,

 ahora al caminar solos, miedo no tengáis,

todo será mejor y también diferente.

 

 

Creo que sí, que me habría gustado,

realmente realizar alguna cosa  más,

dado que de verdad les habíamos amado,

y sólo nos queda la memoria y nada más.

 

 

 

 

 

 

CARTA OCTABA.                                           Indice       

 

Querida Isabel María:

                              Recibí la tuya con la alegría que me da el sentirme contestado, en ella me comentas, que en mi antepenúltima carta te hablo de la religión como si fuera un viaje y aunque estos están de moda, ella en sí mismo no lo está, aunque pretenda transformarla en una ruta de vida, en un intento de modernizarla.

Como bien te escribí en la tercera carta, nuestro primo Ramón me dejó bien claro, el que está de moda o no. Sí, creo que tienes razón al decir que los viajes están de moda y seguramente aún lo serán más en tiempos venideros. Probablemente los disfrutaremos como una de las válvulas de escape de una sociedad del futuro próximo, otra de las válvulas de escape, bien podría ser la televisión, aunque no por los programas culturales. Y también los deportes o situaciones con cierto riesgo.

Me gustaría que nos preguntásemos, si creemos que el mundo de consumo suprimiera alguna de estas formas que llamamos válvulas de escape, ¿las personas de él, serian más  o menos felices? Y ¿Si al suprimir alguna de estas se crearían otras nuevas? Seguramente que sí, e incluso sin suprimir ninguna también se crearán. Sería bueno que de vez en cuando paráramos cinco minutos en el camino para meditar sobre nuestra conciencia.

Me escribes que de todas las comunidades religiosas que tú conoces, la de la iglesia católica es de las más desfasadas del momento histórico que estamos viviendo y me preguntas ¿Por qué escogiste esta? Mira Isabel María, mi transformación no fue por que la pidiera, sino porque el Señor me la regaló. ¿Y por qué lo hizo? Seguramente por su gran misericordia, a otro razonamiento no llego.

Te explicare, que en aquel momento lo último que podía pensar era cual de las religiones o iglesias podía ser la más adecuada para un servidor y para mi forma de pensar y de ser. Tampoco que yo sepa había ni hay una tabla de valores morales y éticos de los feligreses y responsables de las diferentes instituciones, siempre claro  en la línea del pensamiento occidental, donde valoramos mucho que sea científica y de justificación histórica, no olvidemos que es la nuestra. Siendo sincero te diré que no tenía tantos conocimientos, ni tanta información de ninguna de ellas. El día que llegue descubrí que era un verdadero ignorante, por mucho que hubiera leído.

Pero te diré que no fue ninguna institución la que me regalo aquellas cosas, sino el Señor mismo quien me introduce una espada de doble filo, que me parte en dos, un antes y un después. Y todos  deberíamos intentar ser vehículos, para acercarnos a Él. Hay un poema que dice:”De que te sirve buscarlo ahora, si ya lo perdiste en tu corazón”

Esperando tu respuesta, se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                                  Juan.

Anexo.

        La frase.”De que te sirve buscarlo ahora, si ya lo perdiste en tu corazón” Me gusta mucho Domingo, es posible que la predisposición de nuestro corazón hacia el Señor a través de los demás, sea una verdadera ofrenda  al altar de Él.

 

 

 

 

 

 

CARTA NOVENA.                                           Indice  

 

Querida Isabel María:

Al recibir la tuya he tenido mucha alegría, pues sigo teniendo la oportunidad de explicarme sobre mis sentimientos vividos y recibidos. Me preguntas si al hablarte de vehículos es que quiero motorizar la creencia.

Nuestra espiritualidad no la puedo transformar en un vehículo motorizado, aunque creo que valerse de alguna plastificación, o materialización en un intento de hacerme comprender mejor, para mi seria valido, siempre que te sirviera para ello.

Mira si tuviera la ilusión de comprarme un automóvil, por lo que realmente empezaría, sería el modelo y el color. Suponiendo que fuera una persona muy racional, entonces miraría la marca, el motor y los consumos. En medio de tanto entusiasmo, no pensaría en toda aquella cadena de circunstancias desagradables que vendrán por sí solas, como los costes de manutención y otras pequeñeces. Tampoco valoramos si es el mejor automóvil del mundo, pues los modelos van ligados a nuestra personalidad y a la posibilidad pecuaria. Y es que el pensar en estas cosas te restaría parte de la ilusión en la compra. Pero si al nuevo coche me dan un refriego, no por esta razón voy a tirarlo, sino que lo arreglaré, lo pintaré y volveré a salir a la calle con la ilusión del primer día.

La pregunta que me hago es: ¿Para qué me sirve el vehículo en sí? Para que me lleve hasta un lugar determinado. Meditando lo escrito te diría que la religión ha de ser el vehículo que debería llevarnos hasta Dios.

El pensar que una determinada marca de de vehículos, no llegará a tener ningún problema, es solamente una utopía humana. Dado que la realidad de las diferentes instituciones es, que los motores que las arrastran somos las personas humanas, y como tales, nuestras imperfecciones, son los defectos de dichas entidades. Aunque quisiera minimizar mis defectos, éstos acabaran por influir en la honestidad de la institución que frecuente.

Me gustaría comentarte que por el hecho de ser creyente no soy mejor persona que  tú, ni tampoco me da más personalidad, además estoy seguro de que mi Señor te quiere de igual forma que a un servidor. El ser creyente me hace en todo momento consciente de su amor por nosotros, y me da la libertad de decirle: “sí, quiero estar contigo y a partir de este momento los colores del  paisaje de mi camino, adquieren un tono diferente”.

Esperando tu respuesta, se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                             Juan.

 

Anexo.

          Al principio de mi conversión, asistí a un coloquio sobre cosas del evangelio en la biblioteca pública, que en aquel momento se ubicaba en la calle de santa Rosa. Como llegué con antelación, esto me permitió ojear la revista del monasterio de Montserrat,  Serra d’Or. Había un escrito, de un tal Evangelista Vilanova, y mi ignorancia era tan grande que pensé que este señor era un protestante de la iglesia evangelista. Anda que no, era todo un monje benedictino. Por cierto su tema era muy interesante, decía algo así: “que la mayoría que frecuentaba la iglesia anteriormente, no era real sino el producto de la presión política”. Sabes Domingo, pienso que el señor no nos quiso más entonces, ni menos en el futuro.

 

 

 

 

 

CARTA DECIMA.                                          Indice

 

Querida Isabel María:

                                He recibido tú carta con mucha alegría, aunque me riñas un poco por haber destruido, mis poesías de la época anterior a mi conversión. En tu enfoque me cuentas que ellas formaban parte de mi vida, y al destrozarlos, también destruí parte de mis sentimientos. Y me preguntas si no será un acto de radicalismo religioso.

No has sido la única persona en reñirme, entre ellas está mi amigo y hermano en Jesucristo Fra. José Aliaga de la orden del Cister, el cual me hizo un enfoque similar al tuyo, y mi respuesta también fue la misma, el vuestro es un enfoque real, al que un servidor estuvo meditando, y no fue un acto precipitado, incluso llegue a dárselas a leer a mí  buen amigo Fra. José. Por tanto puedo asegurarte que no fue ni un acto religioso, ni de fe, ni de ética, sino que fue un acto de liberación sicológica de mis sentimientos, en que se acercaron a mi libertad espiritual.

Sabes alguna cosa sobrevivió para que pudiera recordar lo que escribía. Estas poesías reflejaban mis sentimientos, como respuesta a la presión del mundo en aquel momento, ya que se estaba dando una gran importancia a la guerra de Cuba, para continuar a la de Tierra Santa, en donde la violencia está patente desde la prehistoria.

Terminas pensando que los poderosos se enriquecen, con el negocio de la guerra, pero en ella se pierden muchas vidas, “La de los inocentes”.

 

Mira te mando una poesía que encontré y sólo de escribirla ya me deprime. Se llama “Me invade”

 

 

Una gran tristeza me invade ahora,

al recordar al soldado con gesto marcial,

y que, con su propio canto triunfal,

acaba por enterrarse en esta hora.

 

Decía,  marcho pronto a buscar,

toda la gloria en un buen día.

Todo el mundo es mío, llegó a pensar,

no sabía que aquel no era un buen día.

 

Entonces te das cuenta que en tu vida

la realidad es un  sueño pequeñín,

que  como tan pronto te sea florida,

te llegue de golpe el que sea tu fin.

 

Una gran tristeza ahora me invade,

al recordar sin ninguna obsesión,

la envidia y la miseria que me añade,

el rebajar y el envilecer nuestra ilusión.

 

Los animales no tienen casi nada,

Para que puedan comer ahora.

¿Qué haces Magín?  No haces nada,

¿Por qué quieres irte ahora?

 

¿Por qué quieres dejar la dalla?

¿Por qué quieres el fusil tomar?

que la patria o tu piel vas a dejar,

acaso no ves como cae la valla,

del viejo corral. ¿Lo vas abandonar?

¿Y qué ara tu madre de la medalla?

 

¿Qué dices que volverás al fin?

¿Pero serás igual que hoy Magín?

después de tanta y tanta muerte,

que irá en tus pesadillas de suerte.

 

No te busco ninguna poesía más, pues ésta me entristeció suficiente por el día de hoy, la verdad es que el mundo siempre tuvo guerras, y que posiblemente siempre las habrá, aunque yo no estuve siempre ni tampoco voy a estar. A los treinta y tres años el Señor me dio una oportunidad de disfrutar de una existencia nueva y a la que un servidor no quiere renunciar, ya que no siempre nos dan dos oportunidades. También desearía contarte, que cuando tu hermana Carmen estuvo internada le escribí una carta poema, que si quieres te la mandaré.

 

Esperando tu respuesta se despide tu primo, que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                               Juan.

 

Anexo.

         Te quiero comentar amigo Domingo, que las poesías no las rompí por una cuestión religiosa, pues mi amigo fra. José me dijo, Jesucristo es el primero que nos pide que no se destruya nada, no sólo él me pidió que no lo hiciera, pero tanta tristeza me subyugaba, pues muchas de ellas fueron escritas en una situación de depresión y por tanto era un producto muy triste. Por tanto, aquel fue un acto de liberación de mis sentimientos, como un bautismo en que marcha el hombre viejo, para que nazca el espíritu nuevo. De todas maneras y aunque no me guste, era el estado de mis sentimientos. Sólo escribir este verso, ya me hizo sentir mal.

 

 

 

 

 

 

CARTA UNDECIMA.                                           Indice

 

Querida Isabel María:

                              He recibido la tuya, y esto siempre me alegra el corazón. En ella me dices que sí, que te mande lo que escribí a tú hermana Carmen. Descubrí la necesidad de escribirla, al saber que estaba internada, cosa que me afecto y que creo que se refleja de forma bastante clara.

 

 

Hacía un calor que parecía infernal,

primera hora de la tarde, y andaba

por la calle paralela al camino real.

sorprendido en mi sentimiento, miraba.

 

En un bonito tiesto había una flor,

con otros viejos que parecen chanzas.

¿Por qué hacemos estas cosas Señor?

¿Por qué nos comportamos como bocazas?

Mientras el gorrión preso nos pide amor,

ya que de su libertad sólo le queda la añoranza.

 

Siempre acabamos destrozando,

lo que nos podría a Ti acercar,

de esta manera nos iremos alejando,

para no permitirnos en Ti, amar.

 

Sabes Carmen, mientras miraba aquellas flores y aquel gorrión enjaulado, en medio de un ruido ensordecedor de los motores, junto con toda su contaminación, que solamente consigue el que nos alejemos los unos de los otros, por un momento he visto tu imagen. El estar internada, me ha conectado con el pájaro, al que un día quitaron la libertad, para hacer compañía a las personas. Sabes, éste es un peligro que corremos con las personas, que confunden su egoísmo de no querer estar solas, con su falso amor hacía el prójimo. Y esta sensación de que te quieren recluir me da angustia.

 

 

Con el peso de la tristeza se tuercen,

las jóvenes flores y también lloran,

 pequeñas lágrimas que ahora parten,

y algunas con el calor se evaporan,

otras dentro de este aire caliente,

volaran y su fin será el chocar,

con el rostro endurecido de la gente.

No las dejan hasta su corazón llegar.

 

Mira Carmen, había todos aquellos gorriones que corrían a la manera de pequeños saltos en la calle Adra, mientras andaban buscando alguna cosa que comer. Me pregunté si te habría gustado hacer una parada en el camino de la vida, para contemplarlos como una ofrenda a la libertad. Me gustaría añadirte, que ellos que nos parecen bonitos, dándonos la sensación de seres libres, detrás de estas apariencias están todas sus limitaciones y sus problemas de supervivencia. Aun cuando ellos jamás dejaran de cantar, pues ésta es la razón de su vida, el poder expresar su canto y al hacerlo con amor se transforma en una oración al Señor. Me gustaría que supieras que hay muchas personas  que deseamos lo mejor para ti.

Tu primo.

Aquí termina el escrito de tu hermana Carmen, sabes Isabel María me hubiera gustado escribirle algo positivo para ayudarla a ella, y creo que no conseguí nada, además fui a llevársela a la clínica y me sentó fatal, hacía mucho tiempo que no me había sentido tan mal. Se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                              Juan.

Anexo.

         Sabes Domingo, mi prima murió de accidente de tráfico en las carreteras francesas a los pocos años de escribir esta carta, me supo muy mal y aun lo lamento ahora. Pensé que podía haber aportado algo más para ayudarla, y aunque sé que no puedo arreglar el mundo solo, son cosas que me duelen en mi interior. Sólo me queda el rezar a la Virgen, pues ella no nos dejará jamás.

 

 

 

 

CARTA DUODÉCIMA.                                    Indice  

 

Querida Isabel María:

                              Estoy contento de haber recibido tu carta, en ella me preguntas el porqué de mis viajes a Lourdes con los trenes de enfermos. Y también si realmente  acepto esta historia como verdadera, o tal vez he conseguido ver alguna cosa de estas que llaman un milagro. De ser de esta manera te gustaría que lo relatase.

Mira tengo un matrimonio amigo en el pueblo de Teia, que son Conchita i Jorge, ella como persona espiritual es muy asidua a la iglesia, y muy poco a Lourdes con la hospitalidad, en cambio  Jorge que no es tan asiduo a la iglesia como su señora, sí lo es a Lourdes con la hospitalidad.

Cosa que tiene en vilo a todos sus amigos y conocidos, los cuales no paran de atosigarlo con la eterna pregunta. ¿Oye Jorge tú que encuentras en Lourdes? Su respuesta: A Lourdes, tienes que ir y vivirlo, pero siempre con actitud de servicio. Esto no te  lo puedo explicar.

De ver algo fuera de lugar te contaré la historia de un compañero voluntario del pueblo de San Celoni, que fue operado de la rodilla, con un resultado negativo, lo que además de cojear, le obligaba a llevar un bastón. El día que fue a piscinas le baño mi amigo Nicasio, de él sí puedo decir que es alguien maravilloso. Al ayudarle a salir de la misma le dijo:”Creo que me he curado, pues el agua estaba caliente” Mi amigo le contestó que no levantara mucho la voz, sino se armaría un revuelo tremendo, Así nuestro voluntario al salir se acercó a la valla del río y tiró su bastón, ya que andaba correctamente. Acabo la peregrinación y continuó su vida en el voluntariado sin hacer mucho ruido. Cada día al terminar su servició, se iba a despedir de la Virgen de Montserrat, la cual está en un camerino con escaleras en ambos lados, y él le decía adiós dándole un beso en la mano. Un día, después del beso se calló de la escalera y se rompió la rodilla que se había curado. Lo llevan directamente al quirófano, y al abrirle la rodilla descubren que la primera operación no se realizó bien, se subsano el error y nuestro compañero quedó perfecto.

No sé que pensarán los demás, pero un servidor se preguntó: porqué si ya se había curado. Sabes sigo sin entenderlo Isabel María, de todas maneras quisiera comentarte que las curaciones físicas, no me han impresionado ni la mitad, de las transformaciones del alma, porque en estas esta la puerta de salida del mundo material, que te lleva a caminar por un sendero en medio del bosque de los nuevos conceptos, encontrando en las curvas un rotulo que dice:”Tú también puedes amar”.

Se despide tu primo que ahora te quiere con una persona que se llama Jesucristo.

                             Juan.

Anexo.

          Creo que estuve yendo diez veces con los trenes de enfermos, te comentare Domingo que emocionalmente fue muy duro y a la vez maravilloso; es posible que sea una de las cosas más fantásticas que me han sucedido. Por cierto la última vez que estuve de peregrino, disfruté de tu compañía. Como dice  Jorge de Teia:” Se tiene que ir, y vivirlo en actitud de servicio”.

 

  

         Agradecimientos:

                A Antonia Molina y su esposo Domingo Duran, que tanto me ayudaron a caminar por el camino de la fe, el cual vamos desarrollando en nuestro día a día. Y por tomarse de forma tan medida mis garabatos sobre el papel.

 

 

 

 

 

 

 

   A mi hermana Inés, por sus correcciones.